Portada > Opinión 31/01/2011 OCTAVIO Salazar Su voz me ha acompañado a lo largo de toda mi vida y ha formado parte de esa banda sonora que cada uno de nosotros tiene guardada en un lugar movedizo, situado entre el pecho y el vientre. Bailé con ella y con su Rufino cuando era poco más que un adolescente y me sorprendió descubrir que sobre el escenario una mujer podía tener la misma fuerza o más que un hombre. Desgarró mi alma de jovencito enamoradizo cuando la escuché por primera vez cantar un bolero, con el fuego que arranca no de la garganta sino de mucho más abajo. De donde las pasiones pierden el nombre y se convierten en vendavales que desordenan todo el alfabeto. A partir de ese momento, cuando su voz de chica del Norte seducida por el Sur se hizo película, quedé absolutamente desarmado. Fiel cómplice de sus versos de amazona, de sus quejidos de guitarra, de sus movimientos de cuero y bota alta. Luz es de esas artistas a las que con los años el escenario, en vez de conver...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez