Excesiva, bizarra, gótica (y barroca), loca, perversa, fascinante. No dejan de ocurrírseme adjetivos para calificar la última obra de Yorgos Lanthimos. Y tal vez eso sea la mejor expresión de una tendencia que se repite mucho últimamente en las pantallas. Es como si más que obras de arte viéramos unos artefactos, técnicamente complejos y estéticamente apabullantes, que no dejan de lanzarnos mensajes y que nos generan sensaciones encontradas. Los años, sin embargo, me avisan de que cuando menos adjetivos son necesarios para describir una realidad más verdad hay en ella. Es como si en esta sociedad narcisista y de necesidad de vivir acontecimientos hubiéramos olvidado los sustantivos. Y sí, Pobres criaturas es todo un acontecimiento, aunque todavía no tengo claro si sus creadores me han seducido o engañado, o ambas cosas a la vez. Si es radicalmente feminista o todo lo contrario. Si nos está animando a subvertir el mundo o si se limita a inquietarnos ligeramente mientras que n...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez