Hablar en estos días tan dolorosos de egos, narcisismos y hasta psicopatías pudiera parecer una obviedad. Nos basta con mirar hacia el Este y ver en que se traduce la masculinidad tóxica de quien se cree el puto amo. Nada nuevo bajo el sol. El ansia de dominio y de conquista que ha situado siempre a tantos hombres en el opuesto a la empatía sin la que nos posible ni siquiera imaginar la dignidad. Viendo la estupenda Competencia oficial , que no es sino un juego inteligentísimo y divertido sobre ese duelo eterno de la masculinidad patriarcal, o sea, el duelo que siempre nos ocupa en demostrar quién la tiene más larga, no pude evitar trasladarme el escenario que, afuera de la sala de cine, nos tiene en estos días con el corazón en un puño. Putin, Humberto, Félix, Iván. La aguda película de Gastón Duprat y Mariano Cohn no es solo, sin embargo, un retrato de esas masculinidades nacidas para competir y entre las cuales es imposible tender puentes. Por más que...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez