Cuando el lunes por la mañana vi en varios medios de comunicación imágenes de la concentración que recorrió el Vial Norte de Córdoba el pasado domingo, como un eco de las que días anteriores habíamos visto en el barrio de Salamanca en Madrid, y sumándose a otras muchas que se multiplican en ciudades y pueblos, no pude evitar una mezcla de miedo, impotencia e indignación. Una suma de emociones que se suma a las ya de por sí intensas y ambivalentes que yo, imagino que, como todo el mundo, estoy sintiendo en estos meses de paréntesis. Y no, no diré que estoy libre del miedo a la enfermedad, pero más me asusta, y me angustia, el futuro inmediato que nos espera, la crisis económica que volverá a cebarse con los más precarios y vulnerables, las fracturas sociales que provocará, el riesgo cierto de que sea un nuevo pretexto para reafirmar políticas neoliberales y revanchas de quienes se resisten a asumir que los derechos humanos son la ley del más débil. Ante ese panorama...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez