Hace un par de semanas un amigo de mi hijo fue insultado y agredido, por maricón, a la salida de una discoteca; la noche de Reyes un joven trans de 19 años sufrió otra agresión, por «maricona» y «marimacho». No hay más que acercarse cualquier día a las redes sociales para comprobar cómo está aumentando el discurso del odio y la agresividad hacia las diferencias. Algo de lo que saben bien y mucho las feministas, cuya credibilidad, juicio y autoridad son habitualmente cuestionados y, en los últimos tiempos, sometidos a burla y escarnio. Espacios como Facebook o Twiter están invadidos por un lenguaje violento. Son muchas las señales que nos deberían hacer pensar sobre qué sociedad estamos construyendo y de qué manera determinadas opciones políticas, por más que formalmente sean impecables desde el punto de vista constitucional, están alimentando un clima irrespirable. Estamos en un momento sombrío en el que todas y todos deberíamos reflexionar sobre nuestra responsabilidad, por acción ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez