Ir al contenido principal

EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL, LOS PERMISOS DE PATERNIDAD Y LA CONDICIÓN FEMENINA

Son muchos los factores sociales, políticos y económicos que todavía hoy, en una sociedad democrática como lo nuestra, perpetúan la desigualdad de mujeres y hombres. Sin duda, uno de los más decisivos es la división que el género continúa marcando entre lo público y lo privado, entre los trabajos productivos y los reproductivos, entre lo profesional y lo familiar. A esa estructura de poder habría que sumar la continuidad de una cultura jurídica machista y que se expresa con demasiada frecuencia a través de resoluciones que ponen en evidencia que la justicia continúa teniendo rostro de varón. Ambos elementos se han dado de la mano de manera singular en la reciente  sentencia del Tribunal Constitucional, mediante la cual se ha negado al amparo a un recurrente, que junto a la PPiiNA (Plataforma por permisos e iguales e intransferibles), solicitaba una ampliación y equiparación de la prestación con la de maternidad, tanto en lo que se refiere a las condiciones de disfrute como a su duración (16 semanas), con carácter personal e intransferible.
Como viene siendo habitual en sus decisiones, el TC ha prescindido de la perspectiva de género y de todos los mandatos que de manera expresa en nuestro ordenamiento prevé la LO 3/2007, de igualdad efectiva de mujeres y hombres. Entre ellos, la aplicación de dicho principio de igualdad como un criterio interpretativo básico, además de la obligación de los poderes públicos de remover todos los obstáculos – directos o indirectos – que prorrogan la subordinación de las mujeres, entre ellos, y de manera muy destacada, los vinculados con la maternidad. Por el contrario, la sentencia se aferra a una concepción estrechamente formal de la igualdad y una concepción, de nuevo, biologicista de la mujer. Una vez más, y como lleva siglos haciendo el patriarcado, la “condición femenina” se convierte en presupuesto de un trato desigual que ampara que justamente ellas, las mujeres, continúen condicionadas por su papel de reproductoras y, por tanto, gocen de una ciudadanía devaluada. De esta manera, construye un discurso que insiste en la idea que la función esencial del permiso de maternidad es proteger la salud de la mujer trabajadora, por lo que no tendría sentido hablar de discriminación al no reconocérselo con las mismas condiciones a los hombres. Nada plantean los magistrados sobre la discriminación que, directa pero también indirecta, provoca esta desigualdad en la situación laboral de las mujeres, ni mucho menos se cuestionan que la corresponsabilidad pueda ser un derecho/deber derivado justamente de las exigencias de igualdad real y efectiva que proclama el artículo 9.2 de nuestra Constitución.
La magistrada María Luisa Balaguer, ésta sí aplicando los criterios hermenéuticos a los que nos obligan tanto las normas internacionales como nacionales, y quedándose lamentablemente sola con una argumentación sólidamente basada en el feminismo jurídico, llama la atención  en su voto particular sobre cómo el Tribunal Constitucional ha perdido la ocasión de “analizar el impacto negativo que tienen parte de estas medidas garantistas del fenómeno de la maternidad, en el tratamiento igualitario de las mujeres en el mercado laboral”.
Sus conclusiones son rotundas: “Ni la finalidad exclusiva del permiso de maternidad es la recuperación física de la madre, ni la finalidad del de paternidad es (solo) la conciliación, sino la garantía de la igualdad en el acceso, promoción y desarrollo de la actividad laboral de hombres y mujeres. Y es que no se trata únicamente de asegurar al padre el disfrute de "su" derecho a conciliar la vida laboral y el cuidado de sus hijos, sino de repartir entre el padre y la madre el coste laboral que la decisión de tener descendencia tiene en las personas, de modo tal que dicha decisión impacte por igual, en el sentido que sea (positivo o negativo) tanto en el hombre como en la mujer”.  A todo ello habría que sumar el hecho, tan complicado de asumir todavía por parte de algunas y algunos, que los hijos y las hijas no son de responsabilidad preferente ni única de la madre. Algo que, por cierto, muchos hombres parecen tener muy claro pero “a posteriori”, es decir, cuando reclaman en los casos de divorcio la custodia compartida.
Esperemos que la propuesta legislativa que ahora mismo está debatiéndose en el Congreso en torno a al reconocimiento de los permisos parentales iguales e intransferibles sea finalmente aprobada y contribuya a superar una división de roles que nos coloca a los hombres en posición privilegiada. Sería solo un paso, pero esencial, para romper con un modelo de ciudadanía apoyado en el binomio público masculino/privado femenino, la cual debería ser sustituida por un nuevo pacto entre personas sustentadoras y cuidadoras en condiciones de igualdad, tal y como lo explica María Pazos. Un nuevo pacto que debería encontrar plasmación en la cada vez más necesaria reforma constitucional, la cual debería contribuir a superar una cultura jurídica que, como bien nos ha demostrado el Tribunal Constitucional, continúa fundamentándose en un sistema sexo/género que no deja de otorgarnos dividendos a nosotros, los hombres proveedores, a costa de las servidumbres de las que siguen lastradas por su “condición femenina”.
Publicado en www.eldiario.es, 28/10/18:
https://www.eldiario.es/zonacritica/Tribunal-Constitucional-permisos-paternidad-condicion_6_829477051.html

Comentarios

Entradas populares de este blog

HOMBRES REVOLUCIONADOS

Si el XX fue calificado como el siglo de las mujeres, no tengo duda de que el XXI merece ya el título de siglo del feminismo. No creo que haya una propuesta emancipadora tan ilusionante y global como la que reclama la superación de un orden, el patriarcal, y de la cultura en la que se apoya, y que no es otra que el machismo. Una propuesta, teórica y vindicativa, que justamente ahora nos interpela de manera singular a los hombres. Es decir, a esa mitad de la Humanidad que nunca antes estuvo tan desorientada y desubicada ante la imparable revolución de la otra mitad. Es innegable que la progresiva conquista de autonomía por parte de las mujeres está provocando en algunos hombres, me gustaría pensar que los menos, una actitud reaccionaria, la cual los lleva a situarse a la defensiva, celosos de sus privilegios y de un lugar que saben que ya nunca volverán a tener. De ahí que un machismo cada vez más beligerante, y amparado en fratrías de machos que se resisten a perder su hegemonía, esté…

EL MONSTRUO CON PENE Y LA MUDA ENAMORADA: por qué no me ha gustado LA FORMA DEL AGUA

La última película de Guillermo del Toro, que parece destinada a ser la gran triunfadora de los Oscars y que parece haber puesto de acuerdo a crític@s de cine tan dispares como Pilar Aguilar y Carlos Boyero, a mí me parece un producto perfectamente fabricado para su disfrute en la “era Trump” y para que el espectador lo contemple como un ejercicio de limpieza de conciencias frente al mundo tan horrible que nos ha tocado vivir. En esa línea creo que entronca perfectamente con esa cursilada llamada La la la land y cuyo éxito apabullante todavía no he logrado entender. Es decir, La forma del agua se dirige a las emociones más superficiales, esas que no requieren un esfuerzo singular por parte del que las recibe y que permiten salir relajados del cine, como quien se ha reconciliado con una parte de su humanidad que creía olvidada y aunque luego, casi inmediatamente, continuemos enrolados en este mundo cínico donde la único pasaporte hacia el éxito parece ser el “sálvese quien pueda” o, co…

YO, LA PEOR DEL MUNDO

"Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes y año. Suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre. Yo, la peor del mundo: Juana Inés de la Cruz".

Mi interés por Juana Inés de la Cruz se despertó el 28 de agosto de 2004 cuando en el Museo Nacional de Colombia, en la ciudad de Bogotá, me deslumbró una exposición titulada "Monjas coronadas" en la que se narraba la vida  y costumbres de los conventos durante la época colonial. He seguido su rastro durante años hasta que al fin durante varias semanas he descubierto las miles de piezas de su puzzle en Las trampas de la fe de Octavio Paz. Una afirmación de éste, casi al final del libro, resume a la perfección el principal dilema que sufrió la escritora y pensadora del XVII: "Sor Juana había convertido la inferioridad que e…