Ir al contenido principal

LUZ, UN PEDAZO DE CIELO

Siempre que escucho a Luz en directo tengo la sensación de que me/nos regala, como dice una de sus más bellas canciones, un pedazo de cielo. Es tal la fuerza, la energía que desprende, la luminosidad con la que llena el escenario, que es imposible no salir de sus conciertos con ganas de seguir peleando por la vida. Algo que hoy, en este domingo que ya acaba, y en el que he celebrado mi cumpleaños, ha cobrado si cabe más valor aún. Escucharla, pero también celebrar con ella la vida con un fuerte abrazo, ha sido un regalo que nunca olvidaré. Y que sumaré a los muchos momentos que, sin saberlo, Luz ha ido ocupando en mi biografía. Desde que casi adolescente bailé con ella al ritmo de Rufino hasta sus últimas y delicadísimas interpretaciones en italiano y en francés en su reciente Almas gemelas. Entre medias, toda una vida de amores y desamores, de encuentros y desencuentros, de muertes y resurrecciones, de sol, al fin el sol, que siempre vuelve a salir. Y,  de banda sonora, muchas de sus canciones. 






Lo mejor de Luz es que en ella habitan muchas mujeres y cantantes. Es, y lo ha vuelto ha demostrar esta noche en la parte intermedia del concierto y en un final apoteósico, una enorme rockera: potencia y garra. Pero también es la gran dama que interpreta boleros - La historia de un amor - o la que nos vuelve a emocionar con los indispensables Piensa en mí o Un año de amor.  La que pone en pie a las mujeres con su No me importa nada y la que hace que todos coreemos entusiasmados Quiero ser el rojo del amanecer, un nuevo día brillará, se llevará la soledad. O la que parece cantarme al oído la desgarradora Lo eres todo, como también la que hace que me levante del asiento para bailar Loca o No aguanto más.


El público de Córdoba suele ser generoso en aplausos y vítores, pero tal vez nunca lo haya visto tan entregado como cuando Luz ha actuado en el Gran Teatro. Esta noche el público ya estaba en pie en la cuarta canción. La comunicación de esta mujer luchadora, y tan tierna en las distancias cortas, es absoluta. Algo que solo, evidentemente, lo consiguen los y las que son muy grandes. Ella lleva décadas demostrando que hay en ella una fuerza única que parece unirla con el centro de la tierra. La que le ha permitido superar la vida tóxica y  que, por tanto, nos siga cantando versos sobre esos laberintos en que solemos enredarnos por culpa del amor.


Esta noche, a diferencia de en otros conciertos suyos,  me he sentido como si fuera el único espectador en el teatro. Como si ella estuviera dirigiéndose a mí cuando ha interpretado en brasileño una bossa nova o cuando casi rompe con su voz el escenario cantando Te dejé marchar. Lo he vivido como un regalo de la vida, un trozo de cielo que he sentido una vez más en sus canciones y, al fin, en su abrazo de diosa que es también humana. En sus cariñosas palabras de felicitación con ese acento tuyo tan peculiar que la hace tan tan dulce y cercana. La diva de los escenarios, tan francesa con su traje negro de espalda al aire, tan italiana como una hija adoptiva de Mina, pero también la asturiana que, en la cercanía, dan ganas de apretujar fuerte para ser contagiado de su luminosidad.

Concierto LUZ CASAL
Gran Teatro de Córdoba, 23 de noviembre de 2014

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA DE MARÍA MAGDALENA, de José Saramago

De mí ha de decirse que tras la muerte de Jesús me arrepentí de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convertí en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta únicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los años acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedió porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el cuerpo que Jesús deseó y poseyó. Quien diga de mí esas falsedades no sabe nada de amor.  Dejé de ser prostituta el día que Jesús entró en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, pero de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendría que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoció y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qué vivía, no me dio la espalda. Cuando, porque Jesús me besaba delante de todos los discípulos una y muchas ve…

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

EL HOMBRE CON UNA VENTANA EN EL PECHO

La primera vez que viajé a Florencia estaba obsesionado por tener una habitación con vistas, como en la novela de Forster, como en  la película de Ivory. Yo era también por entonces un poco como Lucy, la protagonista. Italia, como a ella, me deslumbró e iluminó buena parte de las habitaciones que yo tenía a media luz. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que me diera cuenta de que lo importante no era tanto encontrar esas habitaciones con vistas sino tener tú mismo la capacidad de romper cualquier muro. Las murallas del poema de Kavafis. Tuve, claro, que vivir y sufrir, que equivocarme, que subir escaleras empinadas y de, al fin, atreverme a vivir con la misma pasión que Lucy tocaba el piano.

Él llegó a mi vida justo en el momento en el que pensé que mi futuro estaría hecho de soledades y de deseos fugaces. De películas de hora y media y no de novelones con cientos de páginas. Estaba a punto de resignarme a vivir en esa permanente inquietud que supone saberte libre pero sol…