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A BETTER MAN: los malestares y los "molestares" masculinos


Una de las grietas más profundas que atraviesan los cuerpos, en un sentido individual pero también colectivo, en este siglo de miedos e incertidumbres es la relacionada con el estado de desconcierto de un número significativo de hombres que, como mínimo, andan desubicados ante una realidad que les muestra que su traje tradicional se les ha quedado demasiado estrecho. Si a ello unimos factores socio-económicos que se ceban en quienes tienen lógicamente muchas dificultades para leerse como parte de una masculinidad hegemónica, el resultado es, como ya estamos sufriendo, un caldo de cultivo idóneo para que prosperen las comunidades reactivas y los discursos que sacan partido a unos malestares que, en el mejor de los casos, interpretamos en clave patológica e individualista. El gran error de la izquierda ha sido dejar que esas fracturas estén siendo ocupadas por quienes prometen la fácil respuesta de un orden conservador, sin que hayamos sido capaces de promover alternativas emancipadoras para quienes sienten que se tambalean sus referencias vitales. Todo ello en el marco de unas estructuras y de unas relaciones de poder que amparan y consolidan las jerarquías que generan discriminaciones, violencias y tantos "molestares" que las mujeres, como también los hombres que no encajan en los patrones hegemónicos, sufren a diario. Unos abusos y humillaciones que durante siglos fueron silenciados y que ahora, gracias al feminismo y a las feministas, han salido del armario con la potencia de quiénes se reclaman no solo víctimas sino sobre todo, y ante todo, sujetos agentes.

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