Crecí en un país en el que las disidencias sexuales sobrevivían entre los armarios y los heroísmos de quienes luchaban por la visibilidad. Tuvieron que pasar varias décadas para que la sociedad española fuera rompiendo los estrechos márgenes de lo heteronormativo, hasta que ya en el siglo presente nuestro ordenamiento jurídico se situó a la vanguardia en la protección de los derechos de las personas que no encajamos en los binomios. Es decir, de quienes nos hemos rebelado, no sin lágrimas, frente a los poderes —la Iglesia, la familia, la medicina, el Estado— que durante siglos nos situaron en los márgenes. Las conquistas legislativas, que se han sucedido en apenas un par de décadas, han ido acompañadas, en un positivo proceso de retroalimentación, de un cambio en la cultura, en uno de los ejemplos más evidentes de cómo el derecho puede contribuir a la maduración democrática de la ciudadanía. Si hacemos un mínimo ejercicio de memoria, la cual es esencial p...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez