Cuando las mujeres creadoras insisten en que es necesario que se escuchen sus voces, que estén presentes y sean reconocidas con la misma autoridad y prestigio que los "genios" hombres, no solo están reivindicando una cuestión de mera justicia cuantitativa. Es decir, no se trata solo de que la mitad de la humanidad que no ha estado presente en la creación de los imaginarios colectivos tenga la oportunidad de hacerlo, y por lo tanto de mostrarse con el mismo derecho a ser como mínimo tan "malas" como los hombres, sino de que con ellas y a través de ellas se hagan presentes otras miradas. Que lo universal, y falsamente neutral, que siempre se ha identificado con lo masculino, se fracture con la irrupción de esas otras historias a las que nunca le dimos el valor de lo humano. Que se amplíe nuestra perspectiva y empecemos a poner en el centro prácticas, vivencias y actitudes que fueron condenadas a los márgenes. Que de esta manera, también, nos interpelen a los hombres...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez