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ELIZABETH Y LOTA, FLORES RARAS

Reaching for the moon
Bruno Barreto, 2014


"La luna, en el espejo del tocador,
mira a un millón de millas
(y tal vez, con orgullo, hacia sí misma,
pero nunca, nunca sonríe)
de distancia, más allá del sueño, o
tal vez duerma de día.

Por el Universo desertado
le diría ella que se fuera al infierno,
y encontraría un cuerpo de agua
o un espejo en el cual habitar.
Envuelve entonces tu inquietud en telarañas
y arrójala al pozo

a ese mundo invertido
donde la izquierda es siempre la derecha,
donde las sombras son realmente el cuerpo,
donde pasamos en vela las noches
y los cielos son tan poco profundos
como profundo es ahora
el mar, y tú me amas."




Luna de Brasil, cuyo título original es mucho más hermoso y recuerda menos a un folleto de agencia de viajes que el usado en nuestro país, recrea la apasionada historia de amor de la escritora norteamericana Elizabeth Bishop y la arquitecta brasileña Lota Macedo Soares, tomando como referencia la novela Flores raras y banalísimas: la historia de Elizabeth Bishop y Lota de Macedo Soares, de Carmen L. OliveiraSi bien la película renuncia  con demasiada frecuencia a honduras – se echa por ejemplo en falta un mayor y mejor desarrollo del contexto político del Brasil de mediados del pasado siglo – y a veces corre el riesgo de caer en una especie de “Bajo el sol de la Toscana” versión brasileña”, la historia que cuenta es tan potente que es imposible no dejarse seducir por un relato que, entre otras muchas cosas, nos habla de las debilidades humanas y de cómo el amor puede tanto hacernos más vulnerables como fortalecernos.

Simplemente el itinerario vital de la Bishop, marcado  por una dolorosa historia familiar y por la encrucijada que para ella suponía su identidad de mujer lesbiana, habría bastado para hacer una película intensa y emocionante.  La película de Barreto, sin embargo, opta por centrarse en el triángulo vivido por tres mujeres (Elizabeth, Lota y Mary Morse, la amiga de la primera que vivía con la arquitecta cuando llegó la Bishop a Brasil) que intentan, sin mucho éxito, construir  un modelo diverso de relación afectiva e incluso familiar. Tal vez lo más interesante sea la distinta evolución que experimentan las dos protagonistas, muy bien subrayada por las brillantes interpretaciones de Gloria Pires y Miranda Otto. Mientras que Elizabeth va evolucionando de una extrema debilidad e inseguridad a una npo p de mayor dominio de sí misma y de  firmeza con respecto a su proyecto de vida,  Lota rvealiza justo el camino inverso.  Si al principio la vemos firme como una roca, lrgullosa de sí misma, muy masculina incluso en su manera de afrontar sus retos personales y profesionales,  luego irá cayendo en un pozo sin fondo gracias a e una pasión amorosa que la dejará desnuda, desvalida, sin timón.


Mucho más que una película “militante” en temas como la diversidad afectivo-sexual, o incluso en planteamientos feministas (la misma Bishop tuvo una posición como mínimo ambivalente en cuanto a la asunción del género como categoría personal y política), Reaching for the moon acaba siendo una hermosa mirada sobre el riesgo que supone amar. Sobre las dificultades de conciliar espacios propios y compartidos, sobre lo complejo que acaba siendo construir relaciones en condiciones de igualdad. Y también, como lo recrea la poeta en uno de sus maravillosos textos, sobre el dolor de la pérdida, sobre la angustia que supone aceptar que vivir es ir aprendiendo el arte de ir perdiendo cosas y personas.  

El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.
Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.
Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.
Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

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