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22/11/2010
Que las cierren
22/11/2010 OCTAVIO Salazar
A estas alturas creo que me resultaría muy complicado vivir sin móvil o sin conexión a internet y, por supuesto, sin esa pequeña radio que ha sido mi cómplice en tantas almohadas. No podría hacerlo sin los libros, sin las películas o sin los viajes. Sin embargo, podría sobrevivir sin televisión y, sobre todo, sin Canal Sur. La televisión autonómica no añade nada a mi libertad, a mi necesidad de información plural y ni siquiera a mi tiempo de ocio. Más bien al contrario: huyo de ella porque sus contenidos, además de pecar de un cierto sectarismo, me retrotraen a las telarañas de una más que dudosa identidad andaluza, esa que tanto mal nos hace porque convierte los tópicos en norma. Salvo honrosas excepciones --veáse por ejemplo Jesús Vigorra y su Público lee , desterrado a horarios imposibles--, la "nuestra" no ha dejado de alimentar "estrellas" tan fulgurantes como Juan Imedio o María del Monte, y de anestesiar a una ciudadanía encantada de haberse conocido. Bastaría con repasar algunos momentos de ese espectáculo lamentable que es "Menuda noche", del que me extraña que no haya sido denunciado por alguna instancia protectora de menores, o de comprobar como "Se llama copla" sigue apelando a una identidad que parece saber mucho de volantes y muy poco de memoria histórica. Todo ello por no hablar de unos informativos concebidos a mayor gloria del partido gobernante, de la utilización lacrimógena y paternalista de nuestros mayores o de unos culebrones que deberían ser objeto de un serio análisis por parte del Instituto Andaluz de la Mujer.
Pensaba en la prescindibilidad de Canal Sur en mi vida al leer hace unos días las cifras millonarias que cuesta mantener las televisiones autonómicas. En una época de recortes del gasto público, y mucho más allá de la privatización que demanda el PP, yo reclamo ante tal sangría su cierre definitivo. O, en el peor de los casos, que se sostengan con las cuotas de quienes deseen seguir disfrutando de Andalucía directo o de Arrayán. Lo que me parece lamentable es que con el dinero de mis impuestos sigamos manteniéndolas en unos momentos en el que se cuestiona el gasto social o se reduce al mínimo el apoyo a la cultura.
En la época de Internet y de la TDT, y en una Comunidad autónoma como la nuestra en la que ni siquiera existe una lengua que justifique un canal propio, me parece un despilfarro y una vergonzante paradoja que al tiempo que nos rebajan los sueldos y se congelan las pensiones, sigamos manteniendo un "monstruo" que no ha dejado de engordar. Hasta el punto de que para, supongo, lavar las conciencias "progres", se reprodujo en un segundo canal, con contenidos de una presunta mayor calidad cultural, en lugar de revisar la parrilla del primero con el se ha preferido seguir adormeciendo a la ciudadanía. Todo ello sin tener en cuenta las redes clienterales que a lo largo de estos años los medios autonómicos han generado con el beneplácito de quienes, sean del partido que sean, parecen olvidar la debida garantía del pluralismo.
En unos momentos en los que todos, incluidos los poderes públicos, deberíamos empezar a dejar de vivir como nuevos ricos, es urgente que revisemos muchos de los excesos que en época de bonanza han cometido las Comunidades Autónomas. Y no me cabe la menor duda de que sus televisiones son el mejor ejemplo de gasto superfluo que nos podríamos ahorrar. Sobre todo cuando muchos ciudadanos solo las percibimos como "nuestras" cuando alguien nos recuerda que las pagamos entre todos. Una cuota de responsabilidad cívica que mejor estaría aplicada a consolidar políticas sociales o a impulsar el binomio educación-cultura que tanta falta le hace a una Comunidad que me resisto a creer que sea como refleja su televisión.
* Profesor de Derecho Constitucional de la UCO 
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