En estos tiempos de MeToo, consentimiento y polémicas sobre leyes confiadas en que las penas acabarán con las violencias, seguimos sin embargo sin abordar la sexualidad con todas sus aristas. Vivimos, sí, unos tiempos de capitales eróticos, de cuerpos mercantilizados y de acontecimientos retransmitidos on line, pero continuamos esquivando la conversación sobre ese territorio en el que todos y todas nos quedamos desnudos, es decir, vulnerables. En este contexto, que como tantos otros también es asimétrico desde el punto de vista del género, las mujeres continúan atrapadas en discursos que las hacen singularmente responsables, que las victimizan o que les exigen una cierta virtud que solo es posible en el territorio de la santidad. Incluso conceptos tan aparentemente garantistas como el consentimiento encierra una perversa mirada sobre unas relaciones en las que ellas no suelen tener el papel de agentes. Tampoco los imaginarios que nos rodean ayudan mucho en este sent...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez