En estos tiempos de miedo e incertidumbres, en los que a veces pareciera que todo lo que creíamos firme está a punto de derrumbarse, y en los que nos cuesta mirar más allá del aquí y del ahora, disfrutar de una película como Tres adioses es casi un ejercicio de rebeldía. Una contestación emocionante a lo sombrío de las amenazas que nos rodean y al pesimismo que con frecuencia nos asalta pese a vivir en una happycracia que nos obliga a mostrarnos felices. En la que a mi parecer es una de sus mejores películas, Isabel Coixet vuelve a sus temas de siempre pero con absoluta maestría los enreda en una trama que nos habla de nosotros mismos y en la que hay una apuesta decidida por la belleza de la vida, por el arte de pedalear como si estuviéramos a punto de volar, por la aceptación de nuestra fragilidad no como condena sino como herida que da pleno sentido a nuestros días. La historia de Marta, basada en varios relatos de la italiana Michela Murgia, enla...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez