Decía Teresa de Lauretis en su ya clásico Alicia ya no. Feminismo, semiótica, cine, que el objetivo del cine feminista es "crear las condiciones de visibilidad de un nuevo sujeto social". Y, de alguna manera, eso es lo que hace Iciar Bollaín en su última película. La traslación a la pantalla de la historia de Nevenka Fernández es también el relato de una ruptura del silencio y del reconocimiento de las mujeres como seres que no están a nuestro servicio. Como sujetos que son capaces de romper las cadenas atadas y bien atadas por los deseos masculinos y por nuestros pactos de poder. Es por tanto también la historia de cómo empiezan a resquebrajarse esos contratos viriles, gracias a la lucha de mujeres como Nevenka, y lamentablemente también gracias al sufrimiento acumulado de una larga cadena en la que no todas pudieron ni supieron decir basta. La historia de la concejala de Ponferrada es tan potente, acumula tanta tensión dramática y encierra tantos interrogantes mora...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez