Olivia Wilde me sorprendió con su primer largometraje como directora. Sus Super empollonas, que pasó muy desapercibida en el momento de su estreno, era una divertida y fresca vuelta de tuerca a las tradicionales películas norteamericanas de "instituto" en la que el protagonismo siempre estuvo en los chicos, en sus intereses y en su liderazgo. Y en las que las chicas no eran más que objetos al servicio de las necesidades, especialmente sexuales, de los machos destinados a salvar el mundo. Wilde, por el contrario, situó el foco en dos adolescentes que, en vísperas de su graduación, se plantean si realmente han perdido el tiempo dedicándole tantas horas al estudio y tan pocas a divertirse. En este caso, y como escribí tras verla, " las Súper empollonas llevan las riendas de la acción, son las heroínas imperfectas de la trama y actúan en función de sus deseos, intereses y aspiraciones. Y hasta las vemos dueñas y señoras de su sexualidad, sin que ésta, como es lo más habitu...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez