Uno de los mayores regalos que me ha hecho la vida, y más en concreto, la vida feminista, es sentirme parte de redes de mujeres con las que no dejo de aprender, de cuestionarme a mí mismo y de acercarme al mundo con otra mirada. Con la que necesariamente es distinta a la mía porque yo no he podido vivir, y a veces en consecuencia sufrir, lo que ellas llevan escrito en sus cuerpos y en su memoria. Gracias a las mujeres con poderío que hay en mi vida no dejo de descubrir a otras mujeres, en esa suerte de red infinita que ellas saben tejer como nadie. O como mínimo mucho mejor que nosotros, siempre tan ocupados en demostrar nuestra hombría ante los iguales y en trenzar pactos de poder que nos permitan sostener la ilusión de creernos superiores a ellas. Ilusos. Fue una de estas redes de mujeres diversas, mayores, apasionadas, luminosas, comprometidas y muy muy generosas, la que dejó en mi mesilla de noche la novela “Leña menuda” de Marta Barrio . Un libro que llevaba meses guiñándome y q...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez