Hace apenas unas semanas asistimos a cómo en el deporte español se imponía por primera vez una sanción por una actitud homófoba, provocada por la denuncia del jugador de waterpolo Víctor Gutiérrez. Una noticia que nos pone en evidencia cuánto hemos avanzado en cuanta a garantías legales de la pluralidad de opciones sexuales, pero también , y aunque pueda ser paradójico, cuánto queda todavía de una cultura homofóbica que durante siglos ha sido componente esencial de la construcción de la masculinidad. Recordemos que un mes antes un chico fue agredido brutalmente en Valencia por una manada de machotes. Y no olvidemos que estamos en un parte privilegiada del planeta: sigue habiendo países en los que la homosexualidad es un delito, así como otros muchos, cercanos geográficamente, en los que cada vez más se impone una moral reaccionaria y se limitan libertades tan esenciales como la pública manifestación de las vindicaciones del colectivo LGBTI. De la misma manera que las mujer...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez