La normalidad no existe . Ni vieja ni nueva. Los adjetivos no son más que un envoltorio con el que a duras penas se trata de disimular el vacío. Me llevó años entender, y sobre todo asumir, que todo lo que desde niño yo había entendido como normal no era más que el dictado de lo normativo . Es decir, de lo que desde fuera de mí me imponían quienes tenían el poder. Normalidad , que viene de norma, implica normatividad ; es decir, sujeción a las reglas que nos uniformizan, que niegan nuestras diferencias, que se alían en nombre del orden y la seguridad, y con tanta frecuencia contra la libertad. Fue así como fui tomando, por ejemplo, conciencia de género y me fui quitando, no sin dramas, las máscaras que me definían como hombre: el que durante una larga temporada siempre trató de responder más a lo que se esperaba de él que a lo que le pedían el cuerpo y el alma. Ahora que estamos viviendo una época en la que nuevas palabras, o bien término...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez