Ir al contenido principal

FERNANDO BAYONA: LOS DESEOS REVOLUCIONARIOS

Las fronteras indecisas
Diario Córdoba, 16-2-2015

Escribo estas líneas en plena campaña de un San Valentín que convierte el amor en mercancía. Las imágenes y los mensajes que nos bombardean continúan siendo deudores de un orden heteronormativo en el que un determinado modelo de pareja se identifica con la única felicidad posible. Al margen de lo censurable que resulta alimentar mitos que no necesariamente conducen al paraíso, me llama la atención que nuestro imaginario siga siendo tan esclavo de una normalidad que hace invisibles las diferencias.
Por ello me ha resultado tan revolucionario incluso que justo esta semana El Público de Canal Sur otorgue uno de sus premios anuales a Fernando Bayona. La mirada de este fotógrafo nacido en Jaén, residente en Granada y educado en un territorio sin fronteras, se ha caracterizado siempre por hacer visible lo invisible, por mostrar la diversidad que encierran las subjetividades masculina, femenina y las que escapan al binarismo, por hacer presentes los cuerpos que aún continúan arrastrando estigmas y humillaciones. Tal vez si tuviera que usar un término para definir su obra hablaría de deseos, así, en plural, como manifestación de las diversas pulsiones, inquietudes, ansias y también frustraciones que nos definen como hombres vulnerables. Y hablo en sentido estricto de hombres porque en la obra de Bayona hay una especial atención a unas masculinidades en permanente lucha por rebasar las fronteras del género y por romper los grilletes que muchas veces nos ponemos nosotros mismos.
Decía mi añorado Joaquín Herrera que necesitamos una política revolucionaria del deseo. Ese es el grito que clama en la piel y en el pecho de quienes nos resistimos a entender el amor como coartada que pretende reconducirnos al orden, hacernos objetos de contrato, adormecernos con la anestesia del romanticismo y con la ceguera del quien bien te quiere te hará llorar. Un amor que continúa encerrado en la jaula de los príncipes y las princesas, en los dictados del mercado que nos recuerdan que en pareja se consume mejor que solo, en la ignorancia de que los senderos del cuerpo, la sexualidad y los afectos son múltiples y mudables. Un proceso más que un estado. Una performance en la que cada uno de nosotros debería ser artífice y protagonista.
Precisamente por ello los deseos son una amenaza para el orden y la estabilidad. Porque su esencia es la libertad y sus adjetivos la pluralidad y el disenso. Son pues arma de rebeldía y de búsqueda. La misma que podemos descubrir en la voz de Bayona, esa que nos recuerda que todo arte es político y que el artista siempre se posiciona para recrear, destruir o reconstruir la realidad. Sus fotografías, desde las que jugaron con la leche masculina, a las que muestran la soledad de hombres en habitaciones propias y ajenas, pasando por las que en su día provocaron que algunos amenazaran su libertad de expresión, constituyen un recorrido lúcido por los vericuetos que casi nadie se atreve a recorrer. Un recorrido que, además, se alimenta con la belleza, hiriente a veces, que habita en los sótanos y en los desvanes. Que todo eso además se haga desde una tierra como ésta, tan reaccionaria, tan repleta de armarios y de inciensos que nublan la razón democrática, es doble motivo para reconocer la trayectoria de un hombre que siempre mira de frente y que nunca ha sido un mercenario. Por todo ello, que Canal Sur haya tomado la sabia decisión de premiarlo, es un motivo de alegría para todos los que pensamos que nos hacen falta muchos hombres que como Fernando nos demuestren que el arte no solo nos hace gozar y sufrir sino que también nos reconstruye y libera. El público, o sea, la ciudadanía consciente y libre, necesita ahora más que nunca que Bayona y otros como él nos revelen que la vida no vale nada si renunciamos al hervidero que nos hace seres deseantes y en continua transición.

Comentarios

Entradas populares de este blog

RAFAEL HERNANDO: EL HOMBRE QUE NO DEBERÍAMOS SER.

Siempre que en algunas jornadas se plantea el interrogante sobre lo que significan las “nuevas masculinidades” – un término que a mí al menos me genera el rechazo propio de las etiquetas que no transcienden lo políticamente correcto y que en este caso incluso pueden seguirle el juego al patriarcado -, me resulta muy complicado precisar en qué consiste ser un hombre “nuevo”. Resulta mucho más fácil, como en tantos otros debates complejos, especificar lo que en todo caso no debería formar parte de un nuevo entendimiento de la virilidad, despojada al fin de lastres machistas y dispuesta a transitar por senderos en los que sea posible la equivalencia de mujeres y hombres. En este sentido, resulta tremendamente didáctico usar referentes de la vida pública para señalar justamente lo que no debería ser un hombre del siglo XXI. Un territorio, el de la vida pública, que todavía hoy está  casi enteramente poblado por sujetos que visten cómodamente el traje de la “masculinidad hegemónica” y que …

CARTA DE MARÍA MAGDALENA, de José Saramago

De mí ha de decirse que tras la muerte de Jesús me arrepentí de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convertí en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta únicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los años acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedió porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el cuerpo que Jesús deseó y poseyó. Quien diga de mí esas falsedades no sabe nada de amor.  Dejé de ser prostituta el día que Jesús entró en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, pero de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendría que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoció y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qué vivía, no me dio la espalda. Cuando, porque Jesús me besaba delante de todos los discípulos una y muchas ve…

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…