Lo explica muy bien Mary Beard en su imprescindible libro Mujeres y poder . A lo largo de los siglos hemos sido los hombres quienes hemos tenido siempre posesión de la palabra, mientras que, como Telémaco hace con su madre Penélope, hemos condenado a las mujeres al silencio. Ahí están las obligadas a callar en el Afganistán del siglo XXI como durante tanto tiempo lo estuvieron las mujeres de cualquier territorio en un orden misógino que las excluyó de la ciudadanía y los derechos. Todavía hoy, en lugares del mundo que podemos considerar privilegiados por el régimen de libertades que disfrutamos, pareciera que la palabra de las mujeres tuviese menor valor y se sometiera a un escrutinio más riguroso que la nuestra. El verbo siempre ha sido privilegio de los dioses y, en nuestra cultura, no es que solo los dioses fueran hombres sino que también nosotros nos hemos creído dioses. Las mujeres siguen todavía hoy peleando para que su voz no solo tenga presencia donde antes ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez