“Sin embargo, estoy segura de que mis nietos, todos los nietos de los eternamente exiliados, valorarán al crecer lo que de bueno les han legado sus raíces; todo lo que en nuestra civilización hay de positivo y humano, y espero que no hereden los que nos ha llevado a la intolerancia e intransigencia, fuente de todas nuestras desdichas”. En estas sencillas pero profundas palabras de Carmen Parga se nos revela el sentido último de las memorias de una mujer recién descubierta para mí, una de esas muchas voces del exilio, de la España perdida y de la desmemoriada, que apenas han ocupado un lugar en las bibliotecas. Las invisibles en los libros de texto, en nuestra memoria sentimental, en el relato de un país con tanta frecuencia desnortado. Gracias a la admirable labor que realiza la editorial Renacimiento, estamos recuperando esta parte de todavía negada de nuestra historia. Y no solo en cuanto que tiene que ver con un momento que tanto se han empeñado algunos nublar con la eq...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez