Un año más, en torno al 25N, volveremos a reincidir en el diagnóstico de por qué, pese a los instrumentos legislativos y a las políticas desarrolladas en los últimos años, que pese a sus imperfecciones han supuesto un avance significativo en la lucha por la igualdad real, la violencia machista no cesa. Y lo haremos en un año singular en el que la pandemia, muy especialmente en los momentos más duros del confinamiento, ha contribuido a hacer menos visible esa violencia que se perpetúa en lo privado y que continúa siendo la proyección más dramática del contrato sexual todavía vigente. Volveremos a reivindicar la necesidad de más recursos, del desarrollo del casi olvidado Pacto de Estado de 2017, de incorporar a nuestro ordenamiento un concepto más amplio de violencia de género siguiendo las pautas del Convenio de Estambul, o de formar y sensibilizar a todos los operadores jurídicos para que la tutela judicial de los derechos de las mujeres sea efectiva. Sin embargo, y pese a lo necesario...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez