El pasado domingo vi la última película de Roman Polanski, titulada aquí de manera absurda El oficial y el espía , cuando su título original se ajusta mucho más al caso que cuenta: J`accuse . La película, en la que no sé si el director polaco ha querido valerse del célebre caso Dreyfus para hablar de sí mismo, tiene el pulso de los clásicos y nos hace reflexionar. El disfrute que tuve con el visionado de esta obra de arte no hizo en todo caso que traicionara mi memoria y olvidara el pasado lamentable del director que en su día agredió sexualmente a una menor . Por más que pueda valorar su cine, nunca podrá ser para mí un referente moral ni uno de seres que admiro porque en sus biografías hay una íntima conexión entre vida y compromiso. Por eso entendí tan bien la postura de Lucrecia Martel en el pasado Festival de Venecia , que no acudió a la proyección de gala del director. Poco después de haber salido del cine, empecé a escuchar en la radio ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez