Ir al contenido principal

MARÍA (PARA LOS DEMÁS)

Si alguien tiene alguna duda del cambio de foco que en muchos casos supone que haya una mujer detrás de la cámara, no debería perderse la primera película de la directora Nely Reguera. Sin ser una película redonda, entre otras cosas porque me temo que ha habido demasiadas personas (cinco) metiendo mano en el guión, me parece un magnífico ejemplo de un relato en el que el protagonismo recae en una mujer y en el que contemplamos la vida narrada desde un punto de vista que poco tiene que ver con el masculino dominante. Aunque, todo hay que decirlo, la película no pasa el famoso test de Bechdel: cuando las mujeres hablan entre ellas siempre lo hacen sobre los hombres de su vida.

Lo más interesante de María (y los demás) es cómo nos sitúa frente a una mujer que durante toda su vida no ha hecho otra cosa que estar más pendiente de los demás que de ella misma. Y no solo en el sentido literal del cuidado, sino también en cuanto que han sido los otros - y muy especialmente los varones que la han rodeado - quienes han marcado su existencia. Eso le ha impedido desarrollar plenamente sus aspiraciones, sentirse totalmente autónoma e incluso le ha llevado a vivir una especie de adolescencia prolongada que la hacen ser insegura, dubitativa y frágil, muy frágil, pese a su apariencia de mujer que lo controla todo. En este caso, como casi siempre pasa con las preposiciones, el para es determinante.

María (y los demás) tiene el gran acierto de no ser una película más sobre dilemas familiares, aunque también lo sea, ya que es por encima de todo la historia de una mujer de mediana edad que no ha logrado liberarse de buena parte de sus "cautiverios" y que por lo tanto, aunque no sea capaz de reconocerlo del todo, es esclava de las expectativas que los demás  y que ella misma se ha marcado rígidamente. 

Otro punto positivo es que Nely Reguera nos cuenta este periplo emocional con tono de comedia, sin convertir en un drama excesivo lo que en otras películas hemos visto hecho un culebrón. Gracias a su sentido del humor, la historia de María se salva de la amargura que en todo caso supone vivir una vida que no es la que uno habría querido vivir.  En el caso de la protagonista, tal vez porque su gran error de partida haya sido mirar el mundo y a ella misma bajo el prisma de los varones... y de las mujeres que les siguen el juego. 

Esta luminosa historia, porque al fin parece que María acaba viendo la luz y es capaz de saltarse las reglas, no habría sido la misma sin el derroche interpretativo de una superlativa Bárbara Lennie. Ella vuelve a demostrar que es una de las mejores actrices de nuestro cine: su rostro bello e intenso es capaz de decirlo todo, de seducirnos, de interpelarnos y, finalmente, de acariciarnos. Después de haberla disfrutado sobre los escenarios en la brutal La clausura del amor, en esta película demuestra que la verdadera seducción tiene más que ver con la inteligencia que con el cuerpo, por más que ella esté esplendorosa en escenas como la del vestido de novia. Sin ella, no me cabe la menor duda, esta película habría pasado desapercibida. Con ella, este debut en la pantalla se convierte en una más que sugerente promesa que espero tenga continuación. 

María (y los demás), Nely Reguera, 2015
Filmoteca de Andalucía, Córdoba, 18-3-2017

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA DE MARÍA MAGDALENA, de José Saramago

De mí ha de decirse que tras la muerte de Jesús me arrepentí de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convertí en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta únicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los años acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedió porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el cuerpo que Jesús deseó y poseyó. Quien diga de mí esas falsedades no sabe nada de amor.  Dejé de ser prostituta el día que Jesús entró en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, pero de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendría que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoció y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qué vivía, no me dio la espalda. Cuando, porque Jesús me besaba delante de todos los discípulos una y muchas ve…

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

EL HOMBRE CON UNA VENTANA EN EL PECHO

La primera vez que viajé a Florencia estaba obsesionado por tener una habitación con vistas, como en la novela de Forster, como en  la película de Ivory. Yo era también por entonces un poco como Lucy, la protagonista. Italia, como a ella, me deslumbró e iluminó buena parte de las habitaciones que yo tenía a media luz. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que me diera cuenta de que lo importante no era tanto encontrar esas habitaciones con vistas sino tener tú mismo la capacidad de romper cualquier muro. Las murallas del poema de Kavafis. Tuve, claro, que vivir y sufrir, que equivocarme, que subir escaleras empinadas y de, al fin, atreverme a vivir con la misma pasión que Lucy tocaba el piano.

Él llegó a mi vida justo en el momento en el que pensé que mi futuro estaría hecho de soledades y de deseos fugaces. De películas de hora y media y no de novelones con cientos de páginas. Estaba a punto de resignarme a vivir en esa permanente inquietud que supone saberte libre pero sol…