La democracia es un régimen complejo y que, a su vez, tiene que enfrentarse a la complejidad. Y lo es porque parte de un presupuesto que inevitablemente genera tensiones y que no es otro que el juego siempre inestable entre igualdad y pluralismo. O lo que es lo mismo, entre la igual dignidad que como humanos compartimos y las diferencias que a su vez nos singularizan. Los Estados constitucionales han ido creando distintos instrumentos normativos para hacer posible ese equilibrio, como por ejemplo todos los relacionados con un Derecho antidiscriminatorio que prevén y persiguen todos los comportamientos que tratan de obstaculizar el libre desarrollo de nuestra personalidad en función de alguna circunstancia personal o social. Sin embargo, mucho más eficaz que las normas, y sobre todo mucho más que las de carácter punitivo, lo son los hábitos cívicos que nos permiten convivir desde el diálogo y el reconocimiento del otro y la otra. Unos hábitos que requieren un esfuerzo singular desd...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez