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MAMÍFERA: Las no-madres

  ¿Cómo se les llama a las mujeres que no son madres ? Esta es una pregunta que aparece en un momento de Mamífera y que nos hace reflexionar sobre hasta qué punto hemos naturalizado determinadas conexiones, en este caso la de las mujeres con la maternidad, de tal manera que el lenguaje carece de términos para definir la realidad de quienes la rompen. De la misma manera que tampoco existen palabras, por ejemplo, para nombrar a quienes pierden a un hijo o una hija, cuando sí que existe "huérfano" para referirnos a quien pierde a sus progenitores. Es evidente que el lenguaje, que es siempre una construcción política, nos revela los mandatos sociales y forma parte de los procesos que definen lo normativo, de ahí que también refleje relaciones de poder (lo que no se nombra no existe). Porque recordemos que, como ya nos advirtiera Lewis Carroll en su Alicia , quien tiene la capacidad de decidir el significado de las palabras es quien tiene el poder. Mamífera, la tercera película d...

David Uclés, Iberia y mi padre

Una novela tiene mucho de huerto en el que conviven plantas salvajes, insectos curiosos y vegetales que, pese a todo, parecen obedecer nuestras órdenes. Un territorio que no solo es cultivado por el agricultor sino en el que cada lector remueve la tierra, abre las compuertas de la acequia o, en el mejor de los casos, como si fuera un pájaro, arrastra las semillas hacia otras tierras. En una novela, como en la huerta, hay mucho de memoria, pero también de futuro. De ciclo de la vida y de trabajo compartido. El que inicia su autor o autora, con frecuencia cuando encuentra en el bolsillo de su abrigo  un grano diminuto, una postal amarillenta o una carta imaginaria, y que luego continúan todas las personas que se atreven a plantar el grano o a reconstruir los renglones partidos. Una tarea siempre inacabada. Y siempre nueva para quien siente curiosidad por saber algo más de la destinataria de la misiva.    Hay también en las novelas, en las buenas, claro, algo que me recuerda...

MATRONAS. Las más precarias de un sistema en precario

  Estoy convencido de que si los hombres fuéramos los encargados de parir habríamos reconocido hace siglos los derechos reproductivos como fundamentales, incluido  el que nos permitiría sin dilemas interrumpir voluntariamente el embarazo, así como todos los relativos a las condiciones que, en el momento del parto, garantizarían plenamente nuestra integridad física y moral. En paralelo, los trabajos reproductivos gozarían de reconocimiento social y económico, al tiempo que las estructuras sanitarias dispondrían de las mejores inversiones en todo lo relativo a los cuidados de nuestros cuerpos y de nuestra salud. La violencia obstétrica, en consecuencia, sería algo anecdótico en una realidad hecha a nuestra imagen y semejanza.  Sin embargo, en el planeta que seguimos viviendo los cuerpos de las mujeres, y muy singularmente en su dimensión sexual y reproductiva, continúan siendo la clave de un contrato sexual que solo hemos erosionado ligeramente en sociedades formalmente igu...

LAS CEREZAS DE AURORA CORREA. Memorias de una niña exiliada

  “Si las bombas iban a carbonizar mi cerezo, ¿por qué no cortar todas las cerezas, estrenar decenas de pendientes y luego salir a la calle a venderlas aunque estuvieran verdes”   La profesora y escritora Nuria Capdevila-Argüelles es una suerte de “Sherlock Holmes” femenina a la búsqueda del rastro perdido de tantas escritoras que todavía hoy ni siquiera merecen una nota a pie de página de nuestra memoria colectiva. Gracias a ella, por ejemplo, recuperamos a Elena Fortún con toda su complejidad y a tantas otras “armarizadas” en el sentido más plural del término. Escucharla y leerla es abrir la puerta de una especie de pasadizo largo y profundo por el que ir descubriendo rostros, heridas y verbos. Palabras y  tiempos invisibles. Las vísceras y los sustantivos de un nosotros excluyente. Los pespuntes olvidados de esa camisa blanca de la esperanza que fue en su momento este país. Memoria y utopía. Hilvanadas ambas con las manos lúcidas y fuertes de mujeres que lucharon ...

LOS AÑOS Y LOS HOMBRES POR VENIR

  Hace treinta años no era el hombre que soy.     Mi hijo no había nacido, no me había casado, seguía escondido tras mi corazón coraza. Tres décadas después, he conseguido poco a poco, no sin lágrimas, mirarme en el espejo y reconocerme, aunque soy consciente de que sigo en el proceso de soltar lastre e ir mucho más ligero por la vida. En este tiempo he empezado a vivir más allá de mi diario y he asumido, al fin feliz, que fui un niño raro y que he acabado siendo un macho disidente. Un padre imperfecto, una pareja complicada, un interrogante diario, una especie de nómada que se revuelve en cuanto que se siente atrapado en una habitación pequeña. Tal vez porque he empezado a entender que soy un forastero sin remedio, un varón que encuentra su razón de ser en las fronteras, un sujeto que al fin se liberó de la culpa y de los dioses. Un niño raro e inquieto.   Mi vida ha cambiado mientras lo hacía un país, un mundo, en el que el siglo XXI parece empeñado en dejarnos des...

CARLES MESA. De cegueras públicas y conversaciones interrumpidas

Hace tiempo que la radio y la televisión públicas en este país languidecen en un proceso que las está reduciendo a la insignificancia y que está provocando, entre otros efectos, que muchos y grandes profesionales estén siendo las principales víctimas de una dirección sin rumbo ni criterio. Y no se trata simplemente de cómo las componendas políticas han condicionado y condicionan RTVE, que también, sino de cómo en los últimos años han ido asumiendo el timón unas personas que no tienen un proyecto sobre un servicio público que, irremediablemente, debe ajustarse a los parámetros informativos y comunicacionales del presente siglo. Nada que ver, sin embargo, con tratar de reproducir, la mayoría de las ocasiones sin éxito, las apuestas de los medios privados, como tampoco de atrincherarse en una suerte de reserva al margen de los tiempos. La falta de horizonte y los vaivenes de una dirección que parece no mirar sino su ombligo están no solo desaprovechando a muchos profesionales que se limit...

ROZALÉN: VINDICACIÓN DE ABRAZOS Y ALEGRÍA

“La felicidad no es fruto que se recoja por sí mismo, hay que hacerla, sostenerla, crearla y, aún más difícilmente, saberla recibir y recoger cuando llega”  MARÍA ZAMBRANO Nos ha tocado vivir tiempos hostiles. Cabalgamos sobre crisis e incertidumbres, atemorizados ante al futuro y entregados a un presente narcisista, como si se hubiera clausurado la posibilidad de imaginar un horizonte de posibilidad. Es fácil pues caer en el desasosiego y en la melancolía, ese territorio que acaba siendo pasto para quienes están dispuestos a salvarnos. En medio de tanta ira, no dejo de recordar lo que siempre escuché a algunas de mis amigas feministas, esas mujeres de largo recorrido biográfico y de militancia tatuada en la piel. De ellas aprendí que no debemos permitir que nos roben la alegría. Que esa sería la verdadera victoria de quienes nos quieren sumisos y alejados de la primera persona del plural. Esa en la que tan a gusto me consta que habitaba nuestra querida Rafi Valenzuela o el padre d...