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Entradas

POLITIZAR LAS VEJECES

  Siempre que se acerca una convocatoria electoral, en la que casi de manera irremediable vuelve a reabrirse el debate en torno a la sostenibilidad de las pensiones, me inquieta la cortedad de miras de unos partidos políticos que, entre otras muchas carencias, parecen no ser conscientes del envejecimiento de nuestra sociedad. Es decir, siguen actuando cómo si para ellos no tuviera valor, ni siquiera importancia estratégica, que las personas mayores de 65 años sean ya cerca de los diez millones en nuestro país, o sea, un 21% de la población. Un porcentaje que no dejará de crecer en los próximos años: según previsiones del INE, dicho grupo de edad superará los 15,9 millones de personas en 2045 . En este sentido, hace ya tiempo que se habla de revolución de la longevidad y que incluso el mercado, tan astuto, ha empezado a poner el foco en ese creciente sector de la ciudadanía en cuanto consumidores y sujetos con necesidades específicas. Se abre paso así la denominada silver economy , ...
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LA INVITACIÓN: los orgasmos de Penélope.

"Uno siempre debería estar enamorado. Esa es la razón por la que uno nunca debería casarse" Oscar Wilde     Pese a vivir unos tiempos pornográficos, en el sentido más amplio del término, de negocios vía Only Fans y de una incesante sexualización de las mujeres – y cada vez más, también, de los hombres -, tengo la sensación de que, aunque pueda parecer paradójico, no son buenos tiempos para el sexo. Por lo que observo hay una creciente insatisfacción, un descenso incluso de determinados placeres compartidos entre los más jóvenes y, lo que es peor, una cierta moralina conservadora y reaccionaria que impregna con frecuencia el discurso público. En el cine, por ejemplo, y a diferencia de lo que fue más habitual hace unos años, apenas se habla de sexo y mucho menos lo vemos como parte central de los relatos, salvo en contadas propuestas más minoritarias y, ahora, quién nos lo iba a decir, transgresoras. Simplemente porque es capaz de romper con esta tendencia tan aburrida y hasta ...

EL CASTILLO: proxenetas y puteros "de toda la vida".

No recuerdo exactamente cuándo y dónde conocí a Mabel Lozano. No sé si coincidimos en uno de esos imprescindibles cursos que hace décadas mis queridos y admirados Mª Jesús Payo y Celso Taboada organizan, contra viento y marea, en Lalín cada mes de julio, o si alguna amiga en común nos puso en contacto. El caso es que en esta última década no hemos dejado de coincidir y ella, con ese poderío que va más allá de su esqueleto de mujer grande, se ha convertido para mí en un referente de compromiso transformador y de potencia que busca hacer visible lo invisible. Pocas como ella han conseguido trasladar a unas narrativas asequibles y a un lenguaje divulgativo, sin perder ni rigor ni militancia, una realidad tan turbia y compleja como la explotación sexual de las mujeres. Sus libros y sus documentales me han acompañado en estos años en los que no he dejado de cuestionar críticamente la masculinidad, y en los que en consecuencia no he dejado de cuestionarme a mí mismo, y me han hecho ver, de l...

LA BOLA NEGRA: la tierra arañada.

    El cine, como todas las artes, vive en la conversación. Es decir, una película siempre es incompleta hasta que no atraviesa al espectador y entabla un diálogo con él. En ese punto de encuentro, que no siempre se logra, habitan todas las posibilidades. Es justo ahí donde el cine se hace político, en cruce con lo personal, de forma que amplía su dimensión colectiva y nos permite redescubrirnos. En esa no siempre fácil tarea que supone aprender que “soy porque eres tú”. De esta forma, en apenas hora y media, dos horas, pongamos que tres, pueden cohabitar la memoria y el futuro, hermanados en un ahora en el que nuestro pecho, frente a la pantalla, tiembla o se escuece.   Pocas películas recientes han conseguido que mi temblor como espectador, ese que últimamente parece tan domesticado por pantallas menores que en mi casa me entretienen, viaje hacia décadas pasadas, hasta mi adolescencia de bolas negras que yo mismo tiraba sobre mi pared, hasta esos manuales, de la escuela...

NOS VEMOS EN LOS PUENTES

Hace aproximadamente ocho años, y tomándole prestado un verso a Andrés Neuman -   “ no concluirá la luna su mudanza, mientras que el sol no modifique sus costumbres  ” - iniciaba mis colaboraciones en esta revista que, mes a mes, han sido para mí una especie de diario en el que he ido compartiendo todo aquello que bullía en la cabeza y en el corazón del hombre inquieto y disidente que soy. En construcción, siempre en construcción. Lo he hecho además en un período en el que nos hemos visto zarandeados por crisis de todo tipo, incluida una pandemia global, y en el que hemos asistido a un cambio de década caracterizado por los miedos, la incertidumbre y las lógicas reactivas. Han sido también los años de expansión de los feminismos y de apertura de debates en torno al sexo/género inimaginables no hace tanto. Una evolución que ha llevado a muchos hombres a dejarse llevar por el resentimiento y a buscar acogida en comunidades virtuales, al tiempo que la extrema derecha, cada vez má...

LOS HOMBRES LLORONES

Hace unos días, la periodista y escritora Ángeles Caballero manifestaba   en el Hoy por hoy de la Cadena Ser que “está a favor de los hombres que lloran y de los hombres que lloran en público”. Lo sentenció al hilo de una supuesta hazaña de Djokovic que, al parecer, se había pasado en una competición reciente más de cuatro horas jugando entre vómitos y lágrimas, lo cual fue calificado por algunos medios como un “patinazo”. No he dejado de darle vueltas a la afirmación de Caballero, la cual me remite a un estribillo muy repetido en los últimos años y que insiste en una suerte de revolución masculina consistente en contradecir el clásico “los hombres no lloran”.   Un mandato que, por cierto, siempre fue traicionado en el ámbito deportivo, en el que ha sido habitual que los hombres lloren, expresen emociones y hasta compartan afectos de manera física, en una expansión liberadora frente al constreñimiento de una masculinidad que siempre nos exigió estar erectos y no mostrar ni un ...

ISLAS: Ana poderosa, frágil Amparo