En una época en la que se ha hecho tan frecuente hablar de vulnerabilidad, me temo que tal vez para esquivar la potencia política de términos como subordinación o desigualdad, pareciera sin embargo que el frenesí de los discursos y la aceleración comunicativa nos impidieran darnos cuenta de que todas y todos somos seres corpóreos y, por tanto, crepusculares, inacabados, siempre en tránsito. De ahí que todos los procesos de exclusión social atraviesen justamente los cuerpos y se traduzcan en heridas que, desde lo físico y lo emocional, acaban teniendo la radicalidad propia de lo político. Quizás ante la furia de las identidades trinchera hemos ido prescindiendo, o como mínimo situando en un lugar secundario, la experiencia brutal que supone saberse un sujeto con las alas más cortas o, dicho de otra manera, con la dignidad en entredicho. Una realidad que, por cierto, deberíamos tener presente ante un próximo 28 de junio que no debería olvidar que tanto la vindicación como la celebr...
“Mientras la Iglesia institucional se apoye en la jerarquía, el patriarcado y el clericalismo como su forma y estilo de ser, estará aceptando que la violencia es una parte aceptable de lo que significa formar parte de esa Iglesia” Mumbi Kighuta, teóloga keniana Como bien nos han enseñado los feminismos, las violencias patriarcales son un problema estructural que fundamenta y atraviesa una estructura de poder y un orden cultural que se sostienen sobre la masculinidad. No son el resultado de las acciones particulares de seres monstruosos sino la acción, finalmente encarnada en sujetos concretos, de una red que legitima el maltrato. De ahí que las respuestas penales, y por tanto individuales, y acordes, como no podía ser de otra manera, con las garantías propias de un Estado de Derecho, sean absolutamente insuficientes para atajar todo un entramado relacional que alimenta jerarquías y subordinaciones. De ahí también, claro, las impotencias de las leyes y la permanente frustrac...