Hace unos días, la periodista y escritora Ángeles Caballero manifestaba en el Hoy por hoy de la Cadena Ser que “está a favor de los hombres que lloran y de los hombres que lloran en público”. Lo sentenció al hilo de una supuesta hazaña de Djokovic que, al parecer, se había pasado en una competición reciente más de cuatro horas jugando entre vómitos y lágrimas, lo cual fue calificado por algunos medios como un “patinazo”. No he dejado de darle vueltas a la afirmación de Caballero, la cual me remite a un estribillo muy repetido en los últimos años y que insiste en una suerte de revolución masculina consistente en contradecir el clásico “los hombres no lloran”. Un mandato que, por cierto, siempre fue traicionado en el ámbito deportivo, en el que ha sido habitual que los hombres lloren, expresen emociones y hasta compartan afectos de manera física, en una expansión liberadora frente al constreñimiento de una masculinidad que siempre nos exigió estar erectos y no mostrar ni un ...
LAS HORAS
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez