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EL VICIO DEL PODER o la farsa de la democracia

Siempre he envidiado de los creadores norteamericanos, y muy especialmente de los audiovisuales, su capacidad crítica con el sistema. A diferencia de nosotros, y hablo muy en particular de los españoles, que solemos hablar en voz baja de todo aquello que nos escuece, los estadounidenses nos han dado frecuentes y brillantes ejemplos de obras cinematográficas en las que dejan desnudo al emperador y muestran al mundo, no sé si con un cierto cinismo, las miserias de su realidad política. Vice, titulada aquí de manera muy facilona El vicio del poder, estrenada la semana pasada, es el más reciente ejemplo de cómo en la pantalla podemos ver las cloacas del régimen, esas que nuestro país solo adivinamos a través del espectáculo limitado que generan ciertos medios de comunicación y alguna tertulia televisiva. Solo recuerdo dos recientes títulos españoles que han intentado emular este tipo de cine político,  al estilo del Oliver Stone de sus mejores tiempos. Me refiero a El hombre de las mil ca…
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La mayoría de edad no es sino una convención más, marcada por las leyes y en su caso por los usos sociales, que sirve para indicarnos el paso al estatus completo de ciudadanía. Entre otras cosas, y no es poco, es la puerta que nos permite ejercer el derecho de sufragio y, por tanto, la inserción plena en un cuerpo democrático que, pese a sus sombras, es el que hoy por hoy mejor se acomoda a la dignidad intrínseca a todo ser humano. Convertirse en ciudadano o en ciudadana supone pues asumir derechos pero también obligaciones, ser parte de un todo en el que cada pieza disfruta de una porción de soberanía, tener la capacidad, y no solo a través de las urnas, de tener voz en las conversaciones que pacíficas hacen posible el milagro de la convivencia. Cumplir 18 años es pues motivo más que suficiente para una celebración. Y no hablo de las puestas de largo que todavía hoy siguen considerando a las mujeres como princesas, sino de las fiestas que deberían servirnos como rituales laicos para …

TIEMPO DESPUÉS: Las afueras según Cuerda

Hace tiempo que la comedia española parece prisionera de un bucle en el que se repiten esquemas, actores y actrices que son más o menos garantía de un cierto éxito en taquilla, y en el que los guiones abusan de la brocha borda y carecen del ingenio del que hicieron gala hace décadas los grandes maestros de nuestro cine. Como espectador siempre voraz, estoy realmente harto de tópicos, lugares comunes y chistes que parecen anclados en la época del destape. Nada de lo que veo en la pantalla grande, capitaneado por los Dani Rovira y compañía, me provoca una carcajada. Seguramente porque siempre he entendido que el humor, el de verdad, es más cuestión de inteligencia que de vísceras.

Por ello me sentido tan feliz al empezar mi año cinematográfico viendo la última joya de José Luis Cuerda. Debo confesar que soy de los devotos absolutos de Amanece que no es poco, la cual me parece una de las películas más raras, necesarias y divertidas del "mundo mundial". Uno de esos retratos lúcid…

NOCHE VIEJA, HOMBRE NUEVO

Mi hijo adolescente, a punto de llegar a esa edad en la que el DNI te dice que eres ciudadano, se toma las uvas de prisa y se pierde en su habitación. Al rato, aparece impecable, con su traje oscuro y su camisa blanca. Me pide que le ajuste bien el nudo de la corbata. Pegado a él, lo siento muy alto, como un globo que va despegándose del hilo y empieza a perderse en la atmósfera. De cerca, las espinillas, la barba protestona y un flequillo nervioso que él ha tardado en colocar en su sitio. Una foto para las abuelas, los sabidos consejos de buena conducta, el olor intenso a la colonia que le regaló su primera novia. Cuando sale de la casa para la fiesta, deja una estela de serpentinas y burbujas. De nervio joven y ganas de probarlo todo. La música que luego bailará empieza a escucharse en sus zapatos brillantes. Cuando cierra la puerta, me quedo unos minutos en silencio. Ni siquiera se escucha el ruido hortera de la tele. Es uno de esos instantes en los que descubrimos lo que significa…

LOS PADRES EN EL ESCAPARATE

Nunca negaré que ser padre es una de las experiencias que más ha influido en que cuestione mi identidad masculina, aunque solo haya sido porque tenía muy claro lo que no quería ser. Cosa distinta es que lo haya conseguido. Cada día, y mucho más ahora que mi hijo es adolescente, me doy cuenta de los errores que repito, de las incertidumbres y de la penosa ausencia de un manual que me diga cómo ser un padre presente, responsable y cuidadoso. Quizás sea una de las luchas que con más frecuencia provocan que me sitúe delante del espejo y me enfrente a mis impotencias. Entonces descubro que tal vez alumbrar una nueva masculinidad sea justamente eso, asumir la vulnerabilidad, renunciar al heroísmo, darte cuenta de que no hace falta controlarlo todo y de que la vida no es otra cosa que ir buscando un tesoro con frecuencia sin mapa que nos guíe.
En los últimos tiempos se ha puesto de moda hablar de las paternidades, de las nuevas paternidades, de esos nuevos modelos de hombres que lucen niños …

ROMA: SORORIDAD DE MUJERES SOLAS

Un coche enorme que, procedente del espacio público (masculino), entra con dificultad en el portalón de la casa (femenina). No vemos el rostro del patriarca. Lo intuimos a través de sus manos que sostienen un cigarrillo y que maniobran al volante. El profesor, el marido, el padre, el proveedor. Un hombre con traje que, ausente del hogar, vuelve a él con el poder que le da haber nacido con un pene entre las piernas. El tipo que, aunque apenas ocupe un par de escenas, y del que apenas escuchamos su voz, es en gran medida el detonante de lo que pasa en las habitaciones. Esa escena del coche que, al entrar, va pisando mierdas de perro, es solo una de las muchas con las que Alfonso Cuarón, con unos planos que parecen querer mantener una cierta distancia objetiva y con una narrativa que no impone ningún credo, dibuja a la perfección el contexto y los personajes de su Roma.
Es esta una de esas películas milagrosas en las que la mirada de un hombre creador es capaz de situarse más allá de su o…

MAGUI MIRA Y SUS BOTAS DE AMAZONA

Con demasiada frecuencia los creadores masculinos, esos genios que durante siglos han dominado las narrativas y los imaginarios colectivos, impidiendo incluso que la palabra que los designa tenga femenino,  miran a las mujeres como una especie de muñecas con las que juegan: las visten, las desvisten, las usan de adorno, las maquillan, las convierten en pretexto, las dejan olvidadas en una estantería. En este sentido David Mamet no es una excepción, mucho menos cuando en los últimos tiempos ha dado un enorme giro hacia un neoliberalismo feroz y, al parecer,  ha buscado refugio en el judaísmo,  que tal vez le dé las respuestas que él, anticipadamente, ya tenía en su mente. Por eso no es de extrañar que el personaje femenino central de su obra La culpa, al menos en la versión que ha dirigido Juan Carlos Rubio y que este fin de semana se ha representado en el Gran Teatro de Córdoba, aparezca en escena justamente como eso, como el arquetipo de la mujer llorona, histérica y, last but non le…