“No hay mayor dominio que aquel en el que el esclavo no sabe que lo es” Josep María Esquirol, La escuela del alma Son muchas las razones que nos explican el estado de desánimo y frustración de unas jóvenes generaciones que son conscientes de que van a vivir peor que sus progenitores y que han empezado a descubrir la ficticio de unas promesas que están lejos de cumplir sus expectativas de bienestar y no digamos de felicidad. Todo ello mientras que, en paralelo, el orden liberal y los espacios digitales confluyen en ofrecernos como espejo un “optimismo cruel” que no es otro que el que deriva de entender que todo puede ser objeto de mercadeo, incluidos nuestros cuerpos y nuestros deseos, y que por tanto el triunfo individual tiene mucho que ver con nuestra capacidad para saber movernos en medio de la selva. Frente a estas potencias, los horizontes democráticos se diluyen en una galopante crisis de confianza y las herramientas que pensamos como equilibradoras de oportun...
En una jugosa conversación con la cineasta Pilar Monsell que tuvo lugar el pasado sábado en el patio del cordobés Luciana Centeno, la escritora Belén Gopegui apuntó que todo creador debería tener dos cualidades. La primera de ellas sería la firmeza para mantener su visión del mundo y también, al mismo tiempo, para resistir y asumir las miradas contrarias. La segunda sería su capacidad y habilidad para estar inserto en una comunidad. Pensé mucho en las palabras de Gopegui cuando esa misma tarde salí de ver la Amarga Navidad de Pedro Almodóvar. Dudé con respecto a la primera de las exigencias, porque el manchego, si bien tiene potencia más que suficiente para mantener su universo, no sé si asume con inteligencia que haya quien no lo considere un dios. Con respecto a la segunda, y mucho más tras ver su último largometraje, no tengo ninguna duda. El director de Volver hace tiempo que perdió la conexión con la realidad, hasta el punto de que parece estar atrapado en u...