Llega un momento de la vida en que los hijos te abren sendas que amplían tu mundo. Es entonces cuando confirmas que la paternidad acaba siendo un viaje de ida y vuelta, más gozoso cuando es tu descendiente el que te regala cuadernos por escribir. Justo ahí es cuando vuelves a ser aprendiz desde otro lugar, en una de esas vueltas de tuerca con que los días nos sorprenden. Pocas cosas más disfrutonas como que sea tu hijo el que te descubra una película, una ciudad o una artista, en un proceso en el que sientes que la rueda del tiempo, imaginariamente, te lleva hacia ese momento adolescente en el que todo estaba por aprender. Debo confesar que yo nunca había sentido especial interés por las artes de Rosalía, más allá de lo que me había impactado ver alguna de sus actuaciones, de lo que me había sobrecogido algún tema de “El mal querer” o de lo que me había llamado la atención cómo en tan poco tiempo ha dado tantos giros en su carr...
EN ESTE SIGLO de barbarie, de crisis y de incertidumbres que hacen que crezcan nuestros miedos y nos convirtamos en presa fácil de salvadores, necesitamos más que nunca ser conscientes, como mínimo ser conscientes, de quiénes lideran el mundo y de qué tipo de poder ejercen. En unos momentos en los que además no deja de cuestionarse el valor del feminismo y todo lo que conlleva de cuestionamiento crítico de un modelo hegemónico de masculinidad, es urgente que pongamos las luces largas y enfoquemos una realidad que nos atraviesa a todas y a todos. Una realidad que de manera dramática nos habla de las consecuencias injustas que genera entender el poder como un estatus que desprecia lo común y que engorda el ego de sujetos narcisistas, varones todos, que parecen estar participando en ese eterno duelo que implica para ellos demostrar ante el planeta quién la tiene más grande. Es un pulso de efectos difíciles de prev...