En estos tiempos de miedo e incertidumbres, en los que a veces pareciera que todo lo que creíamos firme está a punto de derrumbarse, y en los que nos cuesta mirar más allá del aquí y del ahora, disfrutar de una película como Tres adioses es casi un ejercicio de rebeldía. Una contestación emocionante a lo sombrío de las amenazas que nos rodean y al pesimismo que con frecuencia nos asalta pese a vivir en una happycracia que nos obliga a mostrarnos felices. En la que a mi parecer es una de sus mejores películas, Isabel Coixet vuelve a sus temas de siempre pero con absoluta maestría los enreda en una trama que nos habla de nosotros mismos y en la que hay una apuesta decidida por la belleza de la vida, por el arte de pedalear como si estuviéramos a punto de volar, por la aceptación de nuestra fragilidad no como condena sino como herida que da pleno sentido a nuestros días. La historia de Marta, basada en varios relatos de la italiana Michela Murgia, enla...
Ante la barbarie que nos rodea, cuesta mucho trabajo abrir la agenda de 2026 con una cierta confianza en el futuro. Con la ilusión necesaria para afrontar las cuestas empinadas con que a veces la vida nos sorprende. En este mundo de felicidad obligatoria, de deseos multiplicados por el mercado, de inmediatez hambrienta y de máscaras confeccionadas por la IA, nos resulta cada vez más complicado mirar más allá del presente. Nos hemos instalado en un aquí y ahora eternos en los que pareciera que nos sentimos a salvo de tantos miedos e incertidumbres. Cuando sentimos que todo o casi todo se resquebraja, que las incertidumbres nos acechan y que nos faltan agarraderas con las que escapar del naufragio, es fácil que salvadores espabilados y narcisistas pretendan convencernos, con sus discursos reactivos y emocionalmente facilones, de que no hay otro mundo posible que el que cabe en la nostalgia que ellos interpretan a su favor. De ahí el momento tan dramático que estamos viviendo en tod...