Hay demasiadas cosas excesivas en la nueva serie del creador de Mi osito de peluche , la producción inglesa que hace dos años nos conmovió por su potencia dramática y por el descenso a los infiernos de su protagonista. Richard Gadd, en clara continuidad con la anterior, hace estallar en Half man todos los resortes del melodrama, en una sucesión de tramas que no dejan de inquietar al espectador y que son narradas con unas pretensiones que bordean lo emocionalmente pornográfico. En los seis capítulos en que está dividida es imposible respirar: en ellos no hay hueco para el humor, la ternura o los vínculos saludables que nos sostienen en lo cotidiano. Todo está atravesado por una furia dramática que pretende incendiar hasta el último rincón del relato, lo cual le resta potencia emocional y provoca, al menos a mí así me ha sucedido, que en muchos momentos no quede más remedio que desconectar. Casi como estrategia salvavidas ante una sucesión de heridas y dolores que acab...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez