Ir al contenido principal

25N: Dónde estamos los hombres

 


Hace unos días seguí escalofriado el testimonio de la chica que fue violada hace un año y medio en Manresa. Contaba las dramáticas secuelas que la agresión le había provocado. Me llamó la atención que subrayara cómo sentía fobia hacia los hombres y que incluso sentía miedo cuando estaba con los de su familia. Ante realidades tan dramáticas como ésta, me pregunto dónde estamos los hombres, hasta qué punto seguimos sin sentirnos interpelados por todo lo que sufren las mujeres como consecuencia de la cultura machista que a nosotros nos otorga un lugar dominante. Me preocupa que una gran mayoría siga pensando que las violencias patriarcales son algo ajeno a nosotros y en las que no tenemos ningún tipo de responsabilidad, por más que lógicamente no seamos los directamente responsables de cada agresión o maltrato. Todos, todos sin excepción, incluidos quienes estamos concienciados de que éste es un problema estructural que tiene que ver con el desigual poder que el género nos otorga a unos y a otras, somo partícipes de la cultura que alimenta las violencias y que incluso las justifica. Todos reproducimos y amparamos el machismo con nuestros comportamientos cotidianos. Y todos, al guardar silencio, al quedarnos en la posición comodona que no nos obliga a posicionarnos de manera activa, toleramos que el machismo crezca y se reproduzca. De esta manera, de poco servirá que las mujeres feministas sigan vindicando y manifestándose en las calles, ni siquiera provocarán los efectos deseados los instrumentos legales de los que hemos sido capaces de dotarnos para luchar contra las injusticias de género. Seguiremos habitando sociedades formalmente iguales pero en las que el poder continuará en nuestras manos y en las que las mujeres tendrán que conformarse con una ciudadanía devaluada. De ahí que las violencias machistas y la masculinidad que las produce sean un problema político. Porque tienen que ver con el desigual y jerárquico estatus que hombres y mujeres seguimos disfrutando en las sociedades del siglo XXI. Y porque su erradicación requiere que pongamos políticamente el foco en una concepción de la virilidad que nos sigue dibujando como los controladores y conquistadores, los sujetos depredadores habituados a disponer de mujeres que satisfagan nuestros deseos y necesidades, los individuos socializados en eso que Rita Segato denomina «capacidad de adueñarse» y que nos lleva a cosificar, o sea, a deshumanizar a las mujeres, o lo que es lo mismo, a negarles su condición de sujetos. 



Si las raíces del problema son tan evidentes, me pregunto por qué, pese a todos los avances normativos y en políticas que en este país se han producido en las últimas décadas, no hemos sido todavía capaces de abordar, con rigor y desde lo público, acciones dirigidas específicamente a los hombres. Que incidan en nuestros procesos de socialización y que contribuyan a desarmar unas expectativas de género que siguen insistiéndonos en que seamos «hombres de verdad». Que cuestionen las estructuras de poder en las que todavía hoy nosotros somos protagonistas. Que aborden de manera urgente un modelo de sexualidad que sigue conjugándose por y para nosotros, de manera que nos sigue erotizando sentir que tenemos mujeres sometidas a nuestra disposición. Calladas, sumisas y algo putas. Porque, reconozcámoslo, todos los hombres llevamos un putero dentro.

Esta transformación pendiente, que no es otra que la que el feminismo lleva siglos reclamando, solo puede empezar por un proceso personal de concienciación de las relaciones de poder que implica el género. Esta tarea de ponernos delante del espejo exige a continuación un paso al frente desde el compromiso igualitario y una acción continuada de intolerancia hacia el machismo. A todo ello han de sumarse cambios institucionales y culturales, sin los que no habrá modificaciones sustanciales del desigual estatus de ciudadanía que disfrutamos hombres y mujeres. Una utopía que, al fin, nos reconciliará con una democracia que no merecerá tal nombre mientras que la mitad de sus componentes sufran miedos, violencias y desigualdad por el solo hecho de no haber nacido con un pene entre las piernas.

Publicado en Diario Córdoba, 25 de noviembre de 2021:

https://www.diariocordoba.com/opinion/2021/11/25/25-n-hombres-59919277.html?fbclid=IwAR2qeUh60G_3VTxbIduT94Blew2ciXyBl6773Lv4z9s8UtUdiuAM26YR5Lo

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

  De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.   Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un n

YO, LA PEOR DEL MUNDO

"Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes y año. Suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre. Yo, la peor del mundo: Juana Inés de la Cruz". Mi interés por Juana Inés de la Cruz se despertó el 28 de agosto de 2004 cuando en el Museo Nacional de Colombia, en la ciudad de Bogotá, me deslumbró una exposición titulada "Monjas coronadas" en la que se narraba la vida  y costumbres de los conventos durante la época colonial. He seguido su rastro durante años hasta que al fin durante varias semanas he descubierto las miles de piezas de su puzzle en Las trampas de la fe de Octavio Paz. Una afirmación de éste, casi al final del libro, resume a la perfección el principal dilema que sufrió la escritora y pensadora del XVII: " Sor Juana había convertido la inferioridad

ROCÍO CARRASCO: EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR

  LO PERSONAL ES POLÍTICO, NO UN ESPECTÁCULO No, no voy a hablar de Rocío Carrasco. Vi y escuché su testimonio, el primero de una larga serie, y me sobrecogió: es fácil detectar en su rostro y en sus palabras el patrón de un maltrato psicológico continuado. Quien haya vivido una situación similar en carne propia o quien la haya tenido bien cerca pudo reconocer gestos y palabras. De la misma manera que, recientemente, pero en un formato y en un contexto completamente distintos, reconocimos y empatizamos con el dolor de Nevenka Fernández. En ambos casos, la voz de las mujeres como fractura de la ley del silencio que ha servido durante siglos para mantener en el púlpito al patriarca: el verbo como poder, la negación de la palabra como condena. Tampoco voy a hablar de lo evidente. Es decir, de la importancia que se visibilice lo invisible, que se ponga rostro a lo que a veces incluso cuesta trabajo admitir como mera estadística, que determinados mensajes lleguen a la ciudadanía con el obje