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¿QUÉ TIENE JULIO IGLESIAS QUE VER CON NOSOTROS?


Cuando en estos días seguía las noticias sobre las denuncias presentadas contra Julio Iglesias y leía opiniones en todos los sentidos, incluidas aquellas que confirman que cualquier sistema de opresión necesita de la complicidad de los oprimidos (oprimidas en este caso), volvía a constatar la confusión que siempre que se visibiliza un caso de violencia machista nos lleva a análisis fallidos. Me refiero a que, con frecuencia, no sabemos distinguir las responsabilidades individuales de las colectivas. Es decir, de una parte estaría, en su caso, y una vez que con todas las garantías procesales se dicte sentencia, la responsabilidad penal del sujeto o de los sujetos con respecto a los cuales quede demostrado que han sido ejecutores de la violencia. De otra, estaría una responsabilidad mucho más amplia y colectiva que es la que nos obliga a tener en cuenta por qué y de qué manera esos comportamientos individuales forman parte de un sistema, de unas estructuras de poder y de una cultura que incluso llega a legitimarlos y a ampararlos. Con respecto a la primera de las responsabilidades, es evidente que no tiene sentido apelar a mensajes del tipo #yesallmen; con respecto a la segunda, la cosa cambia. Porque en el segundo de los sentidos sí que todas y todos, pero muy especialmente todos los hombres, somos piezas de un orden de género construido sobre jerarquías y mandatos que hoy por hoy, pese a todo lo que el feminismo y las feministas han conseguido erosionar, continúan en gran medida condicionando las subjetividades, nuestros marcos relacionales y, en definitiva, los pactos, explícitos e implícitos, mediante los cuales repartimos trabajos, responsabilidades y expectativas.

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