Dice el artista británico Grayson Perry, en su magnífico
libro La caída del hombre, que los hombres
somos estreñidos emocionales. Es decir, somos incapaces de gestionar nuestras
emociones, mucho menos de expresarlas y, sobre todo, de digerirlas adecuadamente.
Ello se traduce con frecuencia en egos omnipotentes, en frustraciones varias y,
sobre todo, en una manifiesta incapacidad para mantener relaciones saludables
con los demás. Todo ello sostenido por un pacto social en el que tradicionalmente
las mujeres han sido nuestras cuidadoras, lo cual nos ha permitido a nosotros
ser independientes y, por supuesto, centrarnos en nuestra supuesta genialidad y
en los círculos viciosos que, sin ser conscientes del todo, nos enredan en esa
negación casi permanente de nuestra vulnerabilidad.
Dolor y gloria, la última película de Pedro Almodóvar, es un buen retrato de esa masculinidad herida que se resiste a asumirse como fallida y que vive atrapada en los infiernos que derivan de nuestra torpeza par…
Dolor y gloria, la última película de Pedro Almodóvar, es un buen retrato de esa masculinidad herida que se resiste a asumirse como fallida y que vive atrapada en los infiernos que derivan de nuestra torpeza par…