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UNA CUESTIÓN DE GÉNERO

La juez octogenaria y feminista que revolucionó la justicia estadounidense Hay películas que han de verse más allá de sus valores cinematográficos. Por lo que enseñan, por lo que emocionan, por lo que vuelven visible. Una cuestión de género es una de esas películas que, sin ser más que un buen producto norteamericano, academicista y poco innovador, incluso con alguna trampa narrativa, debería ser de visionado obligatorio como mínimo en todas las Facultades de Derecho, además de en Colegios de la Abogacía y demás instancias en las que todavía cuesta tanto reconocer que el Derecho también tiene género.
La historia de la abogada norteamericana Ruth Bader Ginsburg, otro de esos nombres que no suelen aparecer en las referencias construidas por y para los hombres, tiene mucho interés más allá del caso concreto que plantea: la lucha por desmontar un sistema jurídico discriminatorio contra las mujeres a partir de un caso que, paradójicamente, discriminaba a un varón al negarle una exención fis…

JUEGO "FEMINISTA" DE TRONOS

Con relativa frecuencia la cartelera nos ofrece algún que otro ejemplo con el que analizar cómo la mirada de la persona que crea lógicamente condiciona el relato. Y cuando me refiero a la mirada no me refiero solo a sus opciones estéticas sino sobre todo éticas, es decir, al lugar desde el que se posiciona frente a un mundo en el que existen luchas de poder, desigualdades e injusticias. Dos películas que coiciden en las carteleras estas semanas, y que coinciden en recrear, con diversas licencias creativas, las vidas de reinas de épocas británicas, constituyen una buena muestra de hasta qué punto es deciviso el enfoque de quien nos ofrece una historia y unos personajes. Me refiero a la multipremiada y alabada por la crítica La favorita, de Yorgos Lanthimos, y a la menos exitosa María, reina de Escocia, primera película dirigida por Josie Rourke. Ambas, además de situarse en un pasado lejano, la primera a principios del siglo XVIII y la segunda en el turbulento siglo XVI, nos presentan …

LA URGENTE DISIDENCIA MASCULINA

O cómo evitar que la masculinidad reaccionaria frene los avances de la igualdad


Tal y como planteara Michael Kimmel en su profético libro 'Angry White Men' (Hombres blancos enfadados), la crisis de la masculinidad tradicional es uno de los factores que está alimentando el crecimiento de opciones políticas conservadoras y reaccionarias. No es casualidad que muchos de esos partidos que a nivel global van ganando posiciones incluyan en sus programas la lucha contra la “ideología de género” o la crítica feroz de todas las transformaciones conquistadas gracias al feminismo. Estas fuerzas políticas, además de acogerse a los facilones discursos del miedo, están dándole voz a todos esos hombres que se resisten a perder su posición privilegiada y que asisten, entre atemorizados y cabreados, al deterioro progresivo de una hegemonía que durante siglos nos ha dado múltiples dividendos. Un modelo de hombre que hoy está en crisis, al haberse agrietado progresivamente las bases…

LA HORA DE LA DECENCIA

Hace un par de semanas un amigo de mi hijo fue insultado y agredido, por maricón, a la salida de una discoteca; la noche de Reyes un joven trans de 19 años sufrió otra agresión, por «maricona» y «marimacho». No hay más que acercarse cualquier día a las redes sociales para comprobar cómo está aumentando el discurso del odio y la agresividad hacia las diferencias. Algo de lo que saben bien y mucho las feministas, cuya credibilidad, juicio y autoridad son habitualmente cuestionados y, en los últimos tiempos, sometidos a burla y escarnio. Espacios como Facebook o Twiter están invadidos por un lenguaje violento. Son muchas las señales que nos deberían hacer pensar sobre qué sociedad estamos construyendo y de qué manera determinadas opciones políticas, por más que formalmente sean impecables desde el punto de vista constitucional, están alimentando un clima irrespirable. Estamos en un momento sombrío en el que todas y todos deberíamos reflexionar sobre nuestra responsabilidad, por acción u…

EL SILENCIO DE OTROS: Justicia contra el olvido

Hacía mucho tiempo que no veía tan abarrotada la sala principal de la Filmoteca de Andalucía en Córdoba, y mucho más tiempo aún que los títulos de crédito de una película provocaran un aplauso unánime y emocionado. Todo eso sucedió ayer noche. Mientras que la lluvia tímida nos recordaba el invierno en la calle, en la pantalla seres humanos nos contaban su lucha por un derecho humano fundamental. El derecho a la memoria, sin el que es imposible construir un presente de vida digna y mucho menos un futuro esperanzado, se nos narra en El silencio de otros con nombres y apellidos, con dolores que tienen rostro y, más hermoso aún, con el latido colectivo de todos aquellos y de todas aquellas que todavía siguen esperando que en este país sepultemos al fin el olvido.
Rodada a lo largo de seis años, y mostrándonos de manera muy didáctica el proceso iniciado en Argentina contra los crímenes de lesa humanidad cometidos en España durante el franquismo, el documental dirigido por Almudena Carracedo…

EL VICIO DEL PODER o la farsa de la democracia

Siempre he envidiado de los creadores norteamericanos, y muy especialmente de los audiovisuales, su capacidad crítica con el sistema. A diferencia de nosotros, y hablo muy en particular de los españoles, que solemos hablar en voz baja de todo aquello que nos escuece, los estadounidenses nos han dado frecuentes y brillantes ejemplos de obras cinematográficas en las que dejan desnudo al emperador y muestran al mundo, no sé si con un cierto cinismo, las miserias de su realidad política. Vice, titulada aquí de manera muy facilona El vicio del poder, estrenada la semana pasada, es el más reciente ejemplo de cómo en la pantalla podemos ver las cloacas del régimen, esas que nuestro país solo adivinamos a través del espectáculo limitado que generan ciertos medios de comunicación y alguna tertulia televisiva. Solo recuerdo dos recientes títulos españoles que han intentado emular este tipo de cine político,  al estilo del Oliver Stone de sus mejores tiempos. Me refiero a El hombre de las mil ca…

18

La mayoría de edad no es sino una convención más, marcada por las leyes y en su caso por los usos sociales, que sirve para indicarnos el paso al estatus completo de ciudadanía. Entre otras cosas, y no es poco, es la puerta que nos permite ejercer el derecho de sufragio y, por tanto, la inserción plena en un cuerpo democrático que, pese a sus sombras, es el que hoy por hoy mejor se acomoda a la dignidad intrínseca a todo ser humano. Convertirse en ciudadano o en ciudadana supone pues asumir derechos pero también obligaciones, ser parte de un todo en el que cada pieza disfruta de una porción de soberanía, tener la capacidad, y no solo a través de las urnas, de tener voz en las conversaciones que pacíficas hacen posible el milagro de la convivencia. Cumplir 18 años es pues motivo más que suficiente para una celebración. Y no hablo de las puestas de largo que todavía hoy siguen considerando a las mujeres como princesas, sino de las fiestas que deberían servirnos como rituales laicos para …