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LA ÚLTIMA LECCIÓN DE UN MAESTRO

Siempre he confesado públicamente que la mayoría de personas que han sido decisivas en mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional, han sido mujeres. Es decir, mi biografía está llena de agradecimiento a maestras que me enseñaron y me enseñan a comprender el mundo y la vida. Ello no quiere decir que no haya tenido maestros que, en masculino, me hayan mostrado buena parte de los caminos por los que ahora, siempre dubitativo pero esperanzado, intento que no haya excesivos divorcios entre lo personal y lo político. Uno de esos referentes, uno de esos sujetos a los que de mayor me gustaría parecerme, dio esta semana su última lección en la Facultad de Derecho de Córdoba. Lo ha hecho por tanto en un inicio de curso en el que yo siempre tengo la sensación de volver a empezar, en el que me siento nervioso e ilusionado como un colegial y en el que entro cada día en el aula consciente de mi enorme responsabilidad pero también de la magnífica oportunidad que tenga para entrenar mentes …

CARMEN Y LOLA: Aprendiendo a nadar

Han sido muchas las críticas que la película Carmen y Lola ha recibido incluso antes de su estreno. La mayoría de ellas, por lo que he podido leer, han procedido de personas o colectivos gitanos que le han echado en cara la visión estereotipada de su pueblo. Muy pocas, sin embargo, se han centrado en las cuestiones meramente cinematográficas y mucho menos en el corazón de la historia de Carmen y Lola. Apenas he leído un párrafo capaz de censurar la raíz machista de la cultura en la que han crecido y viven las dos protagonistas, la cual, por otra parte, no hace sino subrayar en algunos aspectos la que también hemos heredado los payos. Quién esté libre del machismo que todos llevamos dentro que tire la primera piedra. Al margen de que por supuesto, todas y todos tenemos derecho a contemplar contextos que no son los nuestros y lanzar sobre ellos nuestra mirada creadora, reflexiva o crítica. Y quién esté libre de prejuicios que tire la segunda piedra.
La primera película de Arantxa Echeva…

TODOS LO SABEN: Nacidas para sufrir

Siempre me ha interesado el cine del iraní Asghar Farhadi por su capacidad para poner al descubierto las miserias del ser humano, es decir, de cualquiera de nosotros y, muy especialmente, por cómo disecciona con una aparente (solo aparente) mesura los conflictos que genera cualquier tipo de convivencia. Aunque su filmografía es irregular, incluso en sus películas menores es fácil descubrir ese aliento de humanista metido a cineasta. Para mí, Nader y Simín: Una separación continúa siendo su mejor película, precisamente por cómo se entromete, con lucidez y con la precisión de un bisturí, en los momentos más tensos de cualquier pareja que son los que tienen que ver con su final. 
En su última apuesta, en la que nos demuestra una vez más su capacidad para situarse en diversos contextos geográficos y culturales sin parecer una especie de turista curioso y superficial, Farhadi nos vuelve a dar una buena muestra de lo constituye lo mejor de su cine. Es decir, su capacidad para penetrar en los…

EL VIAJE DE NISHA: El derecho a la desobediencia

En varios reportajes sobre el que sin duda ha sido uno de los estrenos más estimulantes del verano leí que El viaje de Nisha pone el foco en las contradicciones entre Oriente y Occidente, entre culturas y religiones. No seré yo quien niegue ese conflicto en la historia de la joven Nisha, la noruega que es obligada por su padre a volver al Pakistán de sus orígenes para, suponemos, se haga consciente del papel que como mujer le corresponde. Sin embargo, me parece que el meollo de la historia no es ese, sino más bien cómo ese orden político y social que llamamos patriarcado, y la cultura machista en que se asienta, son incompatibles con un contexto democrático en el que, como mínimo formalmente, se garantiza la igualdad de mujeres y hombres. Es decir, el choque no es entre Oriente y Occidente, sino entre un modelo de convivencia en el que progresivamente las mujeres han ido ganando autonomía y otros que, condicionados por culturas y religiones interpretadas en clave fundamentalista, mant…

UNA HABITACIÓN PROPIA: Memoria y futuro del feminismo

Una de las muchas lecciones que he aprendido de tantos años de lecturas es que el pensamiento y la lucha feminista llevan siglos articulándose a través de las reflexiones y acciones de cientos, miles, millones de mujeres. Sería un error pensar que todo lo que estamos viviendo en los últimos años, y que ya podríamos considerar como una cuarta ola, ha sido una especie de milagro, o de ebullición espontánea o, en el peor de los casos, una moda que podría durar lo que una tendencia en los escaparates. Para curarnos de este error, y para dotar de sólidos andamiajes a la revolución personal y política que representa el feminismo, es necesario mirar atrás. Tirar del hilo de las que nos precedieron, hallar las raíces de los conceptos que hoy empiezan a cobrar vida, hacer visibles los rostros y las voces de quienes todavía no aparecen en los libros de texto. Una tarea que además nos ayudará a contrarrestar el espejismo de igualdad con el que algunos intentan confundirnos. Ese ejercicio de mem…

CARMEN DE BURGOS: ELLAS Y ELLOS, O ELLOS Y ELLAS, CONTRA EL PATRIARCADO

“Hoy me gusta lo impensando, lo incierto; me atrae lo desconocido; el encanto del libro que no se ha leído y de la partitura que no escuchó jamás. No comprendo la existencia de las personas que se levantan todos los días a la misma hora y comen el cocido en el mismo sitio. Si yo fuera rica, no tendría casa. Una maleta grande y viajar siempre. Deteniéndome en donde me agradase, huyendo de lo molesto… aspirando el aroma de las cosas sin analizarlas. Eso de hacerse un palacio con cementerio y todo para vivir y morir en un mismo sitio me parece que nos asemeja a los moluscos”. Basta con leer las pocas pero jugosas páginas de la Autobiografía con la que se abre la recopilación de novelas cortas de Carmen de Burgos editada por Huso con el título Ellas y ellos, o Ellos y ellas, para detectar que la almeriense no solo fue una pionera en muchos oficios, sino ante todo y, sobre todo, una mujer que luchó por ser ella misma en un contexto donde lo habitual es que las mujeres fueran “seres para ot…

MIRARME EN CÁDIZ

Mirarme en Cádiz es lo más parecido a arrancarme la piel a tiras y dejar que las vísceras hablen por sí solas. Hacer un ejercicio de memoria con el que domesticar la melancolía. Aprender que la vida se alimenta de pequeñas sacudidas. De esos pequeños terremotos, casi imperceptibles, que nos descolocan las piezas y hacen que, al despertar, tengamos la sensación de haber dormido en otra cama.
Mirarme en Cádiz es reconciliarme con lo que un día fui, con las manos que me cuidaron y me arroparon, con la ternura que solo cabe en un guiso materno y, por qué no, en el orgullo viril de un padre que antes lloraba más con las películas que con la vida.

Mirarme en Cádiz es sentir, como si fuera la primera arena en la piel de un recién nacido, el latido impagable de las mareas. Las costumbres del sol y las mudanzas de la luna.  El niño que ya no está, el adolescente que es, la ola que siempre me pilla desprevenido, un olor imposible a papilla de frutas, pescaíto frito y  café.
Mirarme en Cádiz es apr…