Siempre he confesado públicamente que la mayoría de personas
que han sido decisivas en mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional,
han sido mujeres. Es decir, mi biografía está llena de agradecimiento a
maestras que me enseñaron y me enseñan a comprender el mundo y la vida. Ello no
quiere decir que no haya tenido maestros que, en masculino, me hayan mostrado
buena parte de los caminos por los que ahora, siempre dubitativo pero
esperanzado, intento que no haya excesivos divorcios entre lo personal y lo
político. Uno de esos referentes, uno de esos sujetos a los que de mayor me
gustaría parecerme, dio esta semana su última lección en la Facultad de Derecho
de Córdoba. Lo ha hecho por tanto en un inicio de curso en el que yo siempre
tengo la sensación de volver a empezar, en el que me siento nervioso e
ilusionado como un colegial y en el que entro cada día en el aula consciente de
mi enorme responsabilidad pero también de la magnífica oportunidad que tenga
para entrenar mentes …
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez