En unos días de tanta información política, de tantas sorpresas agradables y de tantas buenas noticias para la lucha feminista, ha pasado un cierto desapercibido el nombramiento de Lina Gálvez como consejera responsable de las Universidades y del conocimiento en Andalucía. La apuesta del ejecutivo andaluz por esta Catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide es, o al menos así me gustaría que fuera, un guiño a la potencialidad transformadora que también para la igualdad tienen las ciencias y los saberes, y no digamos una educación que lleva años sumida en un hondo pozo al que la condenan los criterios neoliberales que, por supuesto, también han llegado a las Universidades. Aunque me temo que en determinadas cuestiones el margen de maniobra de la nueva Consejera sea limitado, sí que confío en que sea capaz de abrir muchas ventanas, de quitar el olor a polilla que desprenden muchos armarios universitarios y que intente al menos hacer de la invest…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez