Yo tenía una tía que se llamaba Luz y que desgraciadamente murió justo con la edad que yo tengo ahora mismo. A mí tía Luz, de la que tanto aprendí y que ahora continúo sintiendo como una hada madrina que me cuida, le gustaba mucho Mari Trini, esa mujer tan singular que poco tenía que ver con los años que le tocó vivir y que deberíamos redescubrir como ejemplo de talento y autonomía. El pasado viernes, en el Teatro El Silo de Pozoblanco, otra Luz, Luz Casal, cerraba la primera parte de su concierto homenajeando a Mari Trini con una bellísima versión de sus Amores. En esa especie de oleaje que es un concierto de la asturiana, yo sentí que de alguna forma el círculo se cerraba, y no para concluir una historia, sino para continuar girando. Como ese estribillo al que siempre vuelves y en el que, música mediante, siempre habita una parte de nosotros. Dos luces, tres mujeres, aprendiendo a vivir en cada estación. Desafiando al vértigo de los días.
He disfrutado muchas ocasiones de los dir…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez