La enorme riqueza, y al mismo tiempo el gran drama, de Cinco horas con Mario es que en su protagonista, Carmen Sotillo, habitan muchas mujeres. Y no solo porque sea una señora llena de pasadizos, como ha dicho Lola Herrera, sino porque Carmen es el eco de todo lo que en este país significó ser mujer durante siglos. Es decir, la historia todavía mal contada, o incluso invisible, de lo que el “contrato sexual” supuso en la España católica, monárquica y conquistadora, en la que la mitad femenina no tenía más remedio que vivir “entre visillos”. El monólogo escrito por Delibes, con agudeza y humor, pero también con una cierta mirada condescendiente masculina, se estrenó por primera vez en 1979, cuando este país despertaba al sueño democrático después de una larga dictadura en la que las mujeres fueron concebidas como menores de edad o incluso discapacitadas. Todo ello, claro está, y como bien nos recuerda Menchu, bajo la categoría sanadora de “los principios”. Todo un clásico: las mujeres …
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez