“El diario es el único espacio en el que se puede ser sin más ni más, sin andamiaje alguno (ni teórico, ni argumental, ni nada de nada), cogiendo el toro por los cuernos y a la realidad por las solapas, meditar sobre la vida. La literatura también lo hace, aunque de una forma más elaborada; el interés (no exactamente ventaja, sino más bien: la singularidad) del diario es que lo puedes hacer por las buenas”. Comparto absolutamente esta afirmación de la escritora Laura Freixas y me reconozco en esa capacidad que tiene el diario para arrancar lo más crudo de nosotros mismos. Algo que saben bien las mujeres, mucho más que nosotros los hombres. Por ello no me parece casualidad que fuera justamente a través de un Diario, el de Virginia Woolf traducido por ella, como empecé a seguirle la pista a una mujer que, con el tiempo, se iría convirtiendo para mí en una maestra de letras y feminismo. Una de esas mujeres en las que al fin se evidencia que los hombres, o al menos algunos, empezamos a re…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez