Querida y admirada Ana,
Hace tiempo que algunos, y sobre todo muchas, soñábamos con un mundo en el que vosotras, las mujeres, fuerais maestras. Es decir, sujetas con poder y autoridad, de las que todas y todos pudiéramos aprender, que también formarais parte del canon que mide la excelencia y el prestigio. Ese sueño, no sin dificultades todavía, y a un ritmo más lento del que a algunas personas nos gustaría, ha empezado a hacerse realidad hace algunas décadas. En lucha contra los sólidos muros del patriarcado, sobre los que para desgracia nuestra se superponen los de una Universidad que todavía avanza con dificultades debido a lastres medievales, hemos empezado a encontrar nombres de mujer en los listados de bibliografía, en las ventanas que suponen los medios de comunicación, en la configuración de eso que de manera tan pomposa llamamos la “doctrina”. De esta manera ha empezado a construirse, o mejor dicho ha continuado haciéndolo, una genealogía feminista también en el pensamiento,…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez