Hace ya algunos años que siento que nos han robado los patios. El turismo todopoderoso, gestionado por unos representantes más preocupados por el orden dominante que por el amoroso de la vida, ha convertido mayo en una especie de parque temático en el que todos nos convertimos en masa que fotografía con el móvil. Una masa en la que los individuos solo importamos para ser contabilizados y formar parte de una estadística. Una pieza más en una larga cadena de montaje que suma para un producto final que no sé bien quién venderá y que en todo caso dará regocijo a los mercaderes. Un número, así me sentí cada vez que el vigilante de turno le daba al click que me convertía en argumento para un nuevo record, en pretexto para instituciones que solo entienden el desarrollo en clave económica, en una especie de aval para que los empresarios gozosos sigan contratando a camareros y camareras de forma precaria.
Aunque es cierto que tengo la sensación de que estos patios de mayo no son los que un dí…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez