El se cree único pero se parece a todos los de su especie. Aunque
no sea consciente, comparte con los de su tribu caracteres similares. Son como
una especie de cofradía que, pese a la lucha de tantos y sobre todo de tantas,
parece no dejar de crecer. No necesitan carnets ni número de identificación.
Les basta mirarse a los ojos para reconocerse. Su error, sin embargo, radica en
pensar que son invisibles ante lo demás. Una estrategia que afortunadamente cada
día que pasa es más quebradiza. Poco a
poco algunos empezamos a descubrirlos entre las multitudes. Ya solo nos falta
señalarlos con el dedo y ponerles un sambenito. Como primer paso para una
condena que acabe erradicándolos de la faz de la tierra. Para ello, habrá que
empezar por ir derribando, una a una, sus estrategias de seducción.
El maltratador seduce a su víctima para que crea que es el único y mejor hombre del mundo. La lleva a su terreno, la aparta de los demás y le hace creer que en nombre del amor ese encierro es lo más d…
El maltratador seduce a su víctima para que crea que es el único y mejor hombre del mundo. La lleva a su terreno, la aparta de los demás y le hace creer que en nombre del amor ese encierro es lo más d…