Luna está creciendo desde hace nueve meses en el vientre de su madre italiana. Cada día que pasa encuentra menos espacio y ya no sabe bien como nadar en ese pequeño mar donde empezó siendo apenas un pez diminuto. En apenas quince días abrirán las compuertas y ella le pondrá cara al fin a las dos mujeres que lleva meses escuchando hablarle. Una en italiano y otra en español. Luna, que así se llamará la niña que podría ser un personaje escapado de una novela de García Márquez, llegará a un mundo que, pese a todas sus complejidades, continúa siendo esplendoroso. Mucho más si se tiene la oportunidad, como la tendrá ella, de crecer contemplando muy de cerca la serenidad del Arno, los colores de la Toscana y el arte que habita hasta en las plazas más escondidas de Florencia.
Luna empezará a ir a la escuela y tal vez, en este país que continúa siendo tan conservador y que mira tanto al Vaticano, no sentirá sobre sus hombros las miradas raras de los niños y de las niñas que observarán como s…
Luna empezará a ir a la escuela y tal vez, en este país que continúa siendo tan conservador y que mira tanto al Vaticano, no sentirá sobre sus hombros las miradas raras de los niños y de las niñas que observarán como s…