En los últimos años hemos asistido, para algunos como yo con una cierta sorpresa e incluso temor, a un renacimiento de los fundamentalismos religiosos. Cuando podríamos pensar que los procesos de secularización, al menos en el mundo democrático occidental, se habían consolidado, el final del siglo XX nos deparó el crecimiento lento pero sin pausa de visiones extremas, políticamente interesadas en muchos casos, de las creencias religiosas. Un proceso que no solo se ha experimentado en el contexto del Islam, al que desde Occidente hemos convertido en chivo expiatorio de muchos de nuestros males, sino que también por ejemplo se recrudece en determinados ámbitos del cristianismo. La historia que nos cuenta "Camino de la cruz" es precisamente una muestra de cómo desde determinadas interpretaciones las religiones se convierten más en una soga que un camino de liberación, sobre todo cuando anteponen la inflexibilidad de los dogmas al potencial creativo y diverso que atesora el alma…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez