Las fronteras indecisas Diario Córdoba, 8-4-2012
Huele a podrido en Pedralbes. Tal vez sean las perdices que, en avanzado estado de descomposición, se resisten a poner el punto y final a lo que ha algunos creyeron un cuento de hadas. Huelen a podrido también las portadas de miles de revistas del corazón, las fotografías de la familia perfecta, la apoteosis del yerno ideal, las misas de pascua bendecidas por obispos y los ramos de flores que a la infanta entregaron tantos niños que hoy empiezan a ser adultos. Se acerca el final del cuento que nuestros abuelos y padres se empeñaron en contarnos una y otra vez. La Corona mesiánica, que parecía haber venido a salvarnos de la permanente minoría de edad que durante tantos años nos hizo súbditos, sale del armario en el que durante décadas estuvo encerrada con la complicidad de serviles cortesanos. Por más que algunos se empeñen en estirar la trama de un relato de palacios y diademas, la farsa no da más de sí y ya difícilmente oculta las sinra…
Huele a podrido en Pedralbes. Tal vez sean las perdices que, en avanzado estado de descomposición, se resisten a poner el punto y final a lo que ha algunos creyeron un cuento de hadas. Huelen a podrido también las portadas de miles de revistas del corazón, las fotografías de la familia perfecta, la apoteosis del yerno ideal, las misas de pascua bendecidas por obispos y los ramos de flores que a la infanta entregaron tantos niños que hoy empiezan a ser adultos. Se acerca el final del cuento que nuestros abuelos y padres se empeñaron en contarnos una y otra vez. La Corona mesiánica, que parecía haber venido a salvarnos de la permanente minoría de edad que durante tantos años nos hizo súbditos, sale del armario en el que durante décadas estuvo encerrada con la complicidad de serviles cortesanos. Por más que algunos se empeñen en estirar la trama de un relato de palacios y diademas, la farsa no da más de sí y ya difícilmente oculta las sinra…