"Mientras le miraba sentí
el terror de aquella barrena, aunque él ya había vuelto a sentarse en el cubo:
la gélida blancura del lago rodeando una manchita que era un hombre, el único
ser humano en la naturaleza, como la X de un analfabeto a modo de firma en una
hoja de papel. Allí estaba, si no toda la historia, por lo menos todo el
cuadro. Sólo en contadas ocasiones, al final de nuestro siglo, la vida ofrece
una visión tan pura y apacible como aquélla: un hombre solitario sentado en un
cubo, pescando a través de cuarenta y cinco centímetros de hielo en un lago que
constantemente renueva su agua en lo alto de una arcádica montaña de América.”
Estas vacaciones al fin he podido saldar una de mis cuentas pendientes: adentrarme en el universo de Philip Roth. Llegado a ese párrafo final de La mancha humana, después de más del mil páginas de intensa literatura, me siento absolutamente herido por todo lo que Roth me ha hecho recorrer de su mano. Porque no sólo he transitado por la histor…
Estas vacaciones al fin he podido saldar una de mis cuentas pendientes: adentrarme en el universo de Philip Roth. Llegado a ese párrafo final de La mancha humana, después de más del mil páginas de intensa literatura, me siento absolutamente herido por todo lo que Roth me ha hecho recorrer de su mano. Porque no sólo he transitado por la histor…