Escribo en el tren mientras que sigo por la web el triunfo apoteósico del PP y el derrumbe, anunciado, del PSOE. No por esperados, los datos no dejan de angustiarnos a los que siempre hemos tenido un alma de izquierdas. Sobre todo porque la gran tragedia de esta noche es que quien ha ganado no la merecido y quien ha perdido ha merecido perder, por más que nos duela reconocerlo a los que nunca votaríamos a Rajoy.
En esta jornada de lluvia y urnas, he conseguido aislarme del ruido, de los fantamas y del miedo que supone adentrarse cada vez más en un callejón sin salida. Pese a la tormenta, o tal vez gracias a ella, he querido conscientemente celebrar la vida. Con sus amaneceres y sus segundas oportunidades, con los martes que parecen viernes y con un Youkali convertido en isla habitable. Me he dejado llevar por las manos sabias de Rosa Torres-Pardo y por la voz, el cuerpo y la mirada de Ana Belén. Juntas me han llevado a su huerto de complicidades y me han hecho creer que en las butaca…
En esta jornada de lluvia y urnas, he conseguido aislarme del ruido, de los fantamas y del miedo que supone adentrarse cada vez más en un callejón sin salida. Pese a la tormenta, o tal vez gracias a ella, he querido conscientemente celebrar la vida. Con sus amaneceres y sus segundas oportunidades, con los martes que parecen viernes y con un Youkali convertido en isla habitable. Me he dejado llevar por las manos sabias de Rosa Torres-Pardo y por la voz, el cuerpo y la mirada de Ana Belén. Juntas me han llevado a su huerto de complicidades y me han hecho creer que en las butaca…