En una época de incertidumbre como la que estamos viviendo, serían más necesarias que nunca las voces sabias que nos ayudaran a ubicarnos. Sin embargo, una de las consecuencias más desastrosas de la consolidación de la democracia en nuestro país ha sido la progresiva desaparición de esos hombres y de esas mujeres capaces de guiarnos. En su lugar han proliferado los "intelectuales" partidistas, los apocalípticos radicales y los cómplices silenciosos. Nos hemos ido quedando sin maestros ni maestras en el contexto de una vida pública maniatada por políticos profesionales y vocingleros sectarios. La misma Universidad ha ido perdiendo ese papel de faro y se ha apoltronado en sus sillones burocráticos y en sus guerras de taifas. Como si la búsqueda de la excelencia y su liderazgo ético no fueran más que rescoldos de un pasado que no necesariamente fue peor.
Aunque solo fuera por contraste con lo que ahora estamos sufriendo, nuestro país tiene una deuda enorme con muchos hombres, …
Aunque solo fuera por contraste con lo que ahora estamos sufriendo, nuestro país tiene una deuda enorme con muchos hombres, …