Hay noches mágicas que, al día siguiente, no se sabe bien si han sido soñadas o vividas. Aunque tal vez las dos cosas sean finalmente lo mismo. Anoche viví uno de esos sueños que provocan que, al despertar, tenga que rebuscar en mis emociones para comprobar que ha sido real.
He tenido que repasar las fotografías de mi móvil para darme cuenta que, efectivamente, anoche fui testigo privilegiado de un ensayo de Miguel Poveda con la Orquesta de Córdoba. Penetré en las entrañas de la música, de la garganta y de los instrumentos, de los sonidos y de la memoria hecha cante. Comprobé como un cuerpo y una voz se hacen gigantes en un escenario y cómo la pasión es un poderoso hilo que sólo unos cuantos privilegiados saben tejer entre su mirada y la del público. Me sentí pequeño ante tanta fuerza y emocionado por sentirme parte, una pequeña parte, de un exquisito laboratorio de pócimas capaces de resucitar el alma.
Hace casi un año Miguel Poveda me hirió de muerte en una plaza de Cádiz. Hacía ti…
He tenido que repasar las fotografías de mi móvil para darme cuenta que, efectivamente, anoche fui testigo privilegiado de un ensayo de Miguel Poveda con la Orquesta de Córdoba. Penetré en las entrañas de la música, de la garganta y de los instrumentos, de los sonidos y de la memoria hecha cante. Comprobé como un cuerpo y una voz se hacen gigantes en un escenario y cómo la pasión es un poderoso hilo que sólo unos cuantos privilegiados saben tejer entre su mirada y la del público. Me sentí pequeño ante tanta fuerza y emocionado por sentirme parte, una pequeña parte, de un exquisito laboratorio de pócimas capaces de resucitar el alma.
Hace casi un año Miguel Poveda me hirió de muerte en una plaza de Cádiz. Hacía ti…