Me basta con mirar la rosa roja de Santa Marta para entender que la Semana Santa sevillana tiene también mucho del Romanticismo del XIX. Me basta con mirar las largas filas de nazarenos negros de la Vera Cruz o de las Penas de San Vicente para volver a la edad oscura de la Contrarreforma. Me basta con escuchar un solo de trompeta de la Banda del Sol acompañando a las Aguas para entender que la Semana Santa es una fiesta contradictoria, múltiple, sensual y emocional. Puro Sur
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