El obispo cordobés ha llegado a la conclusión, y así lo ha hecho saber en uno de sus últimos sermones, de que la UNESCO tiene un plan para en unos años conseguir que la mitad de la población sea homosexual. Un fin que, por cierto, lleva siglos cumpliéndose en seminarios y demás espacios regidos por los que se consideran representantes de Dios en la Tierra. Esta maravillosa revelación, que suma y sigue en la sarta de posiciones reaccionarias que hacen de la jerarquía católica en general y de nuestro obispo en particular una amenaza para la igualdad y las libertades, es decir, para la democracia, debería contribuir a que todos y todas nos hiciéramos radicalmente laicistas y a que, con orgullo, encabezáramos todas las manifestaciones que siguen reclamando el derecho al libre desarrollo de la afectividad y la sexualidad. Todo ello sin olvidar que los poderes públicos deberían dejar de subvencionar y apoyar a instancias tan homófobas, es decir, tan antidemocráticas. En todo caso, no estar…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez